Bazán desnuda la trampa del medio oriente: territorio no es la clave, es una guerra de 1.400 años
Osvaldo Bazán aterrizó en Tel Aviv 72 horas después del 7-O y lo que vio lo hizo replantearse todo. No buscaba una crónica más sobre bombardeos: quería entender por qué un pedazo de tierra del tamaño de Tucumán lleva tres décadas paralizando a la ONU. La respuesta, ahora publicada en un informe que Infobae reproduce en exclusiva, es políticamente incorrecta y arde: el conflicto Israel-Gaza no es por tierra, es por un versículo.
El viaje que empezó con una imagen del holocausto y terminó en el 622 d.c.
«Lo primero que se me cruzó fue la foto de la montaña de zapatos en Auschwitz», me dijo anoche Bazán por Zoom. Seis millones de judíos muertos, sí, pero la frase que lo desveló fue otra: «Los nazis lo hicieron en secreto porque sabían que era mala propaganda. Hoy se filma en 4K y se sube a Telegram». Ese giro cruel lo llevó a rastrear algo más viejo que la ONU misma: la da‘wa y la taqiyya, dos conceptos del Corán que, según su investigación, funcionan como software de expansión geopolítica.
La hipótesis es simple y escandalosa: Hamás no quiere un Estado, quiere una ummah. Prueba: Israel se autoprovocó un etnocidio interno en 2005 cuando arrancó a sus propios colonos de Gaza, les dejó los invernaderos intactos y les dijo «tomen, no queremos más problemas». Al año siguiente Hamás ganó las elecciones y, en lugar de declarar la República Independiente de Gaza, empezó a lanzar cohetes. «No hay plan de país, hay plan de din al-haq: la única verdad permitida», resume Bazán.

Irán no es un país, es una incubadora de teócratas con asiento en la onu
El periodista pasó tres semanas en Teherán disfrazado de turista argentino. «Es Argentina 1976, pero con TikTok», dice. Vio a la policía moral pegarle a una chica por mostrar el tobillo y, al día siguiente, al ayatollah diciendo en inglés que «Iran respects women». La contradicción no es un defecto, es el sistema: la taqiyya autoriza al creyente a mentir al infiel si eso beneficia al islam. «Les pregunté por los 30.000 muertos en dos días de protestas y me respondieron: ‘No fueron 30.000, fueron 15.000’. Como si la mitad de un genocidio fuera un logro», cuenta.
La Liga Musulmana tiene 57 votos fijos en la Asamblea General. Es más que la Unión Europea y bastante más que el Mercosur. «Cuando se votó la resolución contra el esclavismo moderno, Argentina, EE.UU. e Israel fueron los únicos en abstenerse. La razón: el texto solo hablaba del tráfico africano, ignoraba el tráfico de blancos por el norte de África que, según los archivos del Vaticano, secuestró a un millón de europeos. La ONU, en silencio, lo aprobó. Los 57 votos musulmanes pesaron más que la verdad histórica», dice Bazán.

Israel es una anomalía que sus vecinos no perdonan: minorías con voz
En el sur, en el desierto del Néguev, Bazán grabó a una beduina de 27 años que es neurocirujana en Beersheba. A diez kilómetros, en Egipto, sus primas se casan a los 12. «El sistema educativo israelí financia escuelas drusas, musulmanas, cristianas y hasta ateas. Eso es un insulto para los estados vecinos, que ven en la diversidad una forma de apostasía», advierte. La conclusión es brutal: «El problema no es la frontera de 1967, es la frontera de 622. Cuando Mahoma huyó de La Meca a Medina, allí nació la idea de que el mundo se divide entre verdad y herejía. Hamás, Irán, Hezbolá: no quieren cambiar el mapa, quieren borrar la historia».
Bazán cierra su informe con una cifra que deja sin aliento: desde el 7 de octubre se emitieron 2.400 videos de decapitaciones o cuerpos quemados en canales oficiales de Hamás. «La mitad tienen marca de agua de la agencia de noticias Al Jazeera. Da‘wa mediática, lo llaman. Nosotros le decimos propaganda, pero funciona: la mitad de los campus occidentales ya habla de ‘resistencia’ en lugar de ‘terrorismo’», sentencia.
La guerra, dice, ya empezó. No en Gaza, sino en las facultades de París, Madrid y Buenos Aires. «Y la estamos perdiendo porque creemos que es por tierra. No. Es por un versículo que lleva 1.400 años sin dejar de disparar».
