Bloqueos indígenas cortan la neiva-girardot en plena salida de semana santa

La vía que une Neiva con Girardot amaneció tomada. Desde las 6:00 a.m. del domingo, indígenas de los pueblos Pijao y Yanacona cerraron el asfalto a la altura de Balsillas, en Natagaima, y decidieron que ninguna rueda pasaría hasta que la Agencia Nacional de Tierras (ANT) firme la escritura de 2.800 hectáreas prometidas hace tres años.

La protesta que nadie atendió

Miguel Bermúdez, jefe operativo de tránsito del Tolima, confiesa entre resignación y fastidio: «Llevamos seis días de bloqueos intermitentes, pero esta vez se puso serio». El protocolo improvisado es crudo: 90 minutos de cierre, 30 de apertura. Los conductores acumulan filas de hasta cuatro kilómetros bajo un sol que ya quema a las 9:00 a.m. y se acercan a los 30 °C. La ANT no ha enviado ni un funcionario de tercera categoría. En la tarima improvisada con cauchos, los cabildos repiten el mismo mensaje: «No queremos pláticas, queremos títulos».

La frase no es retórica. En 2023 se firmó el Acta 034 que comprometía la entrega de los predios; la entrega se fue postergando con excusas de estudio de suelos y «ajuste cartográfico». Mientras tanto, la comunidad vio cómo los ganaderos cercaron los terrenos con alambre de púas y cambiaron la topografía con bulldozer. «Nos midieron la paciencia con GPS», ironiza Arley Tique, gobernador del resguardo Pijao de Ortega.

El domingo de ramos que se volvió lunes de tránsito

El domingo de ramos que se volvió lunes de tránsito

La medida coincide con el pico de 330.000 turistas que Cundinamarca espera recibir esta Semana Santa. El Ministerio de Transporte calcula 15 millones de desplazamientos nacionales; 10 millones serán por carretera. En la vía Bogotá-Girardot, tres accidentes —dos atropellos y un choque múltiple— añadieron drama a la congestión. El resultado: un solo carril entre Subia y Fusagasugá, colas de 40 minutos y temperaturas de conducción que rondan los 35 °C.

La restricción de camiones de carga —más de 3,4 toneladas— apenas alivia el flujo. La Policía de Carreteras desplegó 700 equipos de rescate y 6.450 hombres, pero los indígenas no aparecen en el mapa de contingencias. «No es un problema de tránsito, es un problema de tierra», me dijo un oficial mientras se limpiaba el sudor del cuello.

La ANT guarda silencio oficial. En privado, un asesor jurídico reconoce que el presupuesto de 2026 no incluye recursos para comprar los predios y que la única salida es expropiar, lo que implica un proceso que puede durar 18 meses. «El tiempo político y el tiempo indígena no usan el mismo reloj», advierte.

Mientras tanto, los cabildos anuncian que extenderán los bloqueos hasta el miércoles santo. La última vez que hablaron con un delegado del gobierno fue el 24 de marzo; desde entonces, solo reciben audios de WhatsApp de los mismos conductores indignados. «Prefieren atender al turista de 48 horas que al indígena de 500 años», sentencia Tique antes de volver a la tarima.

El domingo termina con 246 kilómetros de fila y un saldo que nadie quiere firmar: la carretera sigue cortada, la ANT sin fecha y la Semana Santa convertida en un ejercicio de paciencia sobre asfalto caliente.