Bogotá blinda sus calles: pico y placa 2026 ya ruge desde las 5:30
El 30 de marzo de 2026 madrugará a los bogotanos con un látigo de 522.900 pesos: los últimos dígitos 1-2-3-4-5 no podrán moverse hasta las 21:00, y los taxis 7-8 ya estarán parados desde las 5:30. Así arranca la versión más rígida del pico y placa, la restricción que cumple 28 años ahogando la circulación para que la ciudad respire.
Una ciudad que se parte en dos cada amanecer
La mecánica es básica de ajedrez: placas pares e impares se turnan el tablero. Pero el truco ya no sorprene. Desde 1998 el mismo esquema reparte la ciudad entre quienes pueden rodar y quienes deben esperar a que caiga el sol. El argumento ambiental se desgastó: los índices de PM2,5 siguen pintando de gris el cielo de la sabana. Entonces, ¿por qué se mantiene el corsé? La respuesta está en el dato que nadie menciona: Bogotá añade 70.000 vehículos nuevos cada año y el espacio vial es el mismo de hace tres décadas.
El distrito lo sabe y por eso aprieta. A los particulares les impuso horario único: 6:00-21:00, lunes a viernes. A los taxis les cambia la pareja de baile cada semana; esta semana les toca descansar con 7-8. A los camiones los obliga a dos ayunos diarios: 6-8 y 17-20. El mensaje es claro: si no hay espacio, sobran ruedas.

Las rendijas para escapar del cepo
La ciudad dejó abiertas tres puertas. La primera es el lujo verde: eléctricos, híbridos y cero emisiones circulan sin límite, pero el precio de entrada supera los 120 millones de pesos. La segunda es la solidaridad de bolsillo: el Pico y Placa Solidario vende libertad de circulación a cambio de una tarifa que financia el TransMilenio; el conductor paga y se lava la conciencia. La tercera es el carpooling: lleva tres pasajeros y el número de la placa pasa a ser un simple adorno. Ahí es donde aparece el negocio informal de los “acompañantes” que cobran 5.000 pesos por subir y bajar a mitad de recorrido.
Los días festivos traen su propia trampa: el Pico y Placa Regional acecha en nueve corredores de entrada. El último día de cada puente, los impares se congelan de 12 a 16 mientras los pares esperan su turno de 16 a 20. La medida dispara el precio del vuelo doméstico: Bogotá-Medellín cuesta más que Quito-Caracas esos días.

Multas que duelen y aún así no frenan
El castigo es inmediato: 522.900 pesos –el equivalente a 40 jornales mínimos– y el grúa se lleva el carro al patio. En 2025 la Secretaría de Movilidad recaudó 184.000 millones de pesos por esta sola infracción. La cifra habla por sí sola: la restricción se convirtió en un impuesto disfrazado de política ambiental. Mientras tanto, el aire sigue espeso y la ciudad, partida en dos, se levanta cada madrugada a preguntarse quién podrá salir a la calle.