Chile cancela la expropiación de colonia dignidad: las víctimas quedan sin memorial
Iván Poduje apagó el proyecto con un gesto de mano. 47 mil millones de pesos —50 millones de dólares— desaparecieron del plan que convertiría la antigua Colonia Dignidad en un sitio de memoria. La orden llegó este domingo: la expropiación queda congelada y con ella la promesa que Gabriel Boric había convertido en bandera.
El ministro de Vivienda habló con La Tercera y fue implacable: «Con esa plata arreglo 1.500 casas en riesgo de derrumbe». El 97 % del presupuesto de su cartera ya está comprometido por «deudas de arrastre» y el recorte del 3 % impuesto por Hacienda remató la ilusión. La contrapartida: 600 viviendas nuevas, 700 familias sacadas de la precariedad. El cálculo es brutalmente simple.
El precio de una ciclovía y un club de polo
Poduje no se detuvo. Canceló también la expropiación del Club Hípico de Punta Arenas (22 mil millones) y el último tramo de la ciclovía Alameda-Providencia. «No voy a dejar de hacer casas para hacerle una ciclovía al gobernador Orrego», sentenció. El mensaje es claro: la política de sillones y fotos queda para después; ahora toca cubrir techo.
La oposición estalló. La ex presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Carolina Tello, habló de «episodio doloroso». El Frente Amplio exige «revertir la decisión». Jaime Gajardo, ministro de DDHH, la calificó de «bofetada a las víctimas». La frase duele más si se recuerda que Alemania ya reconoció los crímenes, pidió perdón y abrió en 2019 una indemnización para los sobrevivientes del régimen de Paul Schäfer.

Memoria contra urgencia: el dilema que nadie cuenta
En el sur de Chile hay niños que duermen tres en una cama y casas que se caen con la lluvia. Colonia Dignidad, convertida en Villa Baviera, sigue allí, intacta, como un escenario vacío. Poduje jura que la decisión es «cero ideológica». La cifra habla por sí sola: 1.500 viviendas en ruina superan en prioridad a un memorial que aún no tiene ni plano aprobado.
El gobierno alemán guarda silencio. Las víctimas, más de 300 según los registros de la Fundación Villa Baviera, ven cómo la promesa se esfuma en una hoja de Excel. El proyecto de memoria queda en stand by. La necesidad social, en cambio, exige firma ya. Poduje cierra el expediente con una frase que retumba: «Los derechos humanos que hoy están siendo vulnerados son los de los niños hacinados». La historia tendrá que esperar. Otra vez.