Colombatto rompe el silencio: 'me quedo en oviedo pase lo que pase'

Santi Colombatto mira a los ojos de los periodistas y suelta la frase que nadie esperaba en mitad del huracán. 'Mi familia es feliz en Oviedo. Quiero quedarme aquí, sea donde sea'. Nueve jornadas para evitar el descenso, ocho puntos de desventaja y el argentino habla de raíces cuando todos hablan de números.

El jugador que no depende de sí mismo

La ironía es brutal: el centrocampista más querido de la grada está cedido por el Grupo Pachuca. Su destino no está en sus botas. 'No depende de mí', repite mientras se masajea la rodilla derecha, gesto que ha repetido durante tres temporadas en el Requexón. El contrato es un espejismo: firma con el León, juega en Asturias, sueña con quedarse.

La última vez que fue titular fue el 18 de febrero. Desde entonces, Fonseca y Sibo —ahora con sus selecciones— le han robado el medio campo. 'Entreno todos los días pensando en el domingo', dice mientras los compañeros hagan rondos a 20 metros. La competencia está en Ghana y Uruguay, pero él sigue aquí, en la ciudad que llama 'mi lugar'.

Nueve partidos para reescribir una historia

Nueve partidos para reescribir una historia

El Carlos Tartiere espera al Sevilla con el aliento corto. Colombatto sabe que cada minuto será un examen para convencer a Luis Carrión y al Grupo Pachuca. 'La situación es compleja', admite, pero sus ojos brillan cuando habla de la afición: 'Cuando salgo con mi hija por el Centro, la gente me para. No les pido que luchen por mí, les pido que luchen conmigo'.

El club baraja abrir un entrenamiento estas vacaciones de Semana Santa. La directiva busca un milagro social mientras el equipo busca ocho puntos imposibles. Colombatto no habla de milagros: habla de madrugones en el gimnasio, de balones que no mienten, de una ciudad que le dio lo que Buenos Aires le quitó: estabilidad.

El argentino de Ucacha tiene 28 años y tres temporadas en blau. Su hermano menor juega en la cantera. Su mujer aprendió a cocinar fabada. Su hija habla con acento asturiano. 'Esto no es fútbol, es vida', susurra antes de irse. El descenso sería una catástrofe deportiva, pero la frase que queda colgada en el aire es otra: 'Mi casa está aquí. Los préstamos terminan, los sentimientos no'.