Colombia blinda sus carreteras: 10 millones de vehículos y la sombra de 246 muertos en semana santa

La Semana Santa 2026 se perfila como un éxodo de dimensiones bíblicas en colombia: 10 millones de vehículos pulularán por carreteras que aún sangran del invierno, mientras 4 millones de pasajeros se agolpan en terminales que olieron a desinfectante desde el miércoles 1 de abril. El Ministerio de Transporte ha desplegado un ejército de 6.450 personas y 700 equipos de emergencia para evitar que la tragedia del año pasado —246 muertos en siniestros viales— se repita con la misma saña.

El país se divide entre los que se van y los que se quedan

El éxodo arrancará con un detalle que nadie cuenta: los camiones de más de 3,4 toneladas quedarán varados en los bordes de las carreteras estratégicas durante 33 horas críticas. Desde el mediodía del miércoles 1 hasta las 23:00 del domingo 5 de abril, los corredores Bogotá–Girardot y Medellín–Costa Atlántica se convertirán en cintas exclusivas para quienes huyen de la ciudad. La medida, calculada al milímetro, busca evitar el choque entre el ansia vacacional y la economía que no para.

Pero hay una grieta que no cierra: 5 cierres totales y 22 parciales ya martirizan 10 departamentos. En Nariño, un deslizamiento de tierra engulló el paso hacia Pasto; en Antioquia, la roca cae como castigo divino sobre la vía que une Medellín con el Magdalena medio. Los ingenientes llaman a la línea gratuita 01 8000 519 1656, pero la voz que contesta advierte: «El tiempo de desvío puede superar las 3 horas».

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El gobernador Jorge Emilio Rey ha convertido su departamento en un laboratorio de cinismo y eficacia: 131 puntos negros —donde el asfalto ya bebió sangre— serán intervenidos con pintura termoplástica y guardarrailes que absorben el impacto. Entre La Mesa y La Vara, el miércoles y jueves santos serán días de «pare y siga» compulsivo; en Soacha, la Avenida Canoas se volverá reversible como un guante que se da la vuelta para estrechar la mano al diablo.

La ministra Mafe Rojas lo resume con una frase que suena a amenaza y a plegaria: «La prioridad es clara: proteger la vida». Mientras tanto, los 1,8 millones de pasajeros aéreos170.000 por día— miran desde las nubes cómo el país se parte en dos: los que pueden pagar un tiquete para saltar el infierno terrestre y los que se juegan la vida en la carretera 45.

El domingo 5 de abril, cuando las campanas doblen por el regreso, colombia contará sus muertos no en las iglesias sino en el registro de la Policía de Tránsito. La apuesta es que la cifra no supere las 246 víctimas de 2025. El que apuesta, pierde. Y el que se muere, ya no puede contar la historia.