Colombia elige pescado por fe, pero su corazón lo agradece todo el año

La fila da vuelta la esquina del mercado de Paloquemao y ya huele a trucha fresca. Es Semana Santa y en Bogotá, como en todo el país, la tradición católica obliga a dejar la carne roja. Pero lo que empieza como un ritual religioso se convierte, sin que la mayoría lo sepa, en el mejor seguro de vida que puede firmarse en la cocina colombiana.

La Liga Colombiana contra el Infarto y la Hipertensión acaba de sacar los números: 92,7 muertes por cada 100.000 habitantes en 2026 tienen como causa primaria las enfermedades isquémicas. La cifra habla por sí sola: un colombiano muere cada tres horas por no cuidar el corazón. Y aquí aparece el pescado, no como símbolo de penitencia, sino como arma de defensa.

El atún, la trucha y el bagre entran en terapia intensiva

Luis Moya Jiménez, presidente de la Liga, explica que el salmón, la sardina y la mojarra aportan una dosis de Omega 3 que ningún fármaco puede replicar sin efectos secundarios. "Dos porciones por semana reducen la inflamación arterial, bajan el colesterol malo y estabilizan el ritmo cardíaco", resume. En otras palabras: la misma iglesia que ayer prohibía la carne hoy regala una receta para no morirse de infarto.

Lo que nadie cuenta es que el negocio del pescado se dispara en Semana Santa, pero luego se hunde. Los importadores traen contenedores enteros de atún congelado que colapsan la plaza de Mercamás; los distribuidores lo venden al triple de precio en abril y al 30 % de descuento en mayo. La carne roja regresa a la parrilla y el Omega 3 desaparece del plato. El corazón colombiano, entonces, vuelve a quedar desprotegido.

La trampa está en la fritura. El pescado fresco dura menos de 72 horas fuera de la cadena de frío, pero la sartén con litros de aceite lo conserva por días. El resultado: un filete que podría salvar vidas se convierte en una bomba de grasas saturadas. "Freírlo es como darle un salvavidas de cemento al paciente", ironiza Moya. Horno, vapor o plancha: esas son las únicas tres palabras que deberían escribirse en los menús.

La ola de muerte que llega después de pascua

La ola de muerte que llega después de pascua

El Dane publicó que en los meses posteriores a Semana Santa aumentan los ingresos por crisis cardíacas. No es coincidencia: la grasa animal vuelve al plato, el Omega 3 desaparece y los niveles de triglicéridos se disparan. El sistema de salud colombiano gasta más de 3 billones de pesos al año en tratar enfermedades que podrían prevenirse con un simple cambio de bandeja.

En el mercado de Paloquemado, mientras tanto, Doña Olga sigue fileteando bagre. Ella no conoce la estadística, pero siente la diferencia: "Cuando como pescado me baja la presión, me siento más ligera". Su hijo, que vende cerveza al lado, se ríe: "Eso es cuento viejo, mamá". Ella le responde con un filete crudo en la mano: "Tú sigue comiendo chuleta y a los cuarenta te veremos en la UCI".

La tradición religiosa se acaba el domingo de resurrección, pero la enfermedad cardíaca no tiene calendario. Colombia puede seguir usando el pescado como ofrenda una semana al año, o puede entender que cada filete es una receta médica que cuesta menos que una ambulancia. La elección, como siempre, está en el plato.