Colombia falla el golpe mortal a 'iván mordisco': el narco-guerrillero sobrevive y huye herido

Néstor Vera Fernández, alias 'Iván Mordisco', respira. El hombre que cobró peaje a la cocaína entre Guaviare y Vaupés escapó por segundos del bombardeo que el Ejército colombiano celebró como su décimo segundo intento de liquidar al jefe de las disidencias de las FARC. Los forenses del Instituto Nacional de Medicina Legal acaban de confirmar lo que los militares temían: entre los seis cadáveres extraídos de la selva no figura el cuerpo del capo. Dos hombres, cuatro mujeres. Nadie más.

La 'lorena' muere, mordisco huye

Una de las féminas sin identificar podría ser alias 'Lorena', compañera sentimental del comandente y operadora logística del frente primero de las disidencias. Su muerte deja a Mordisco sin su filtro de confianza en la cadena de pagos y sin la voz que mediaba entre él y los clanes mexicanos que compran la pasta base. Fuentes del diario El Tiempo aseguran que el jefe salió 'gravemente herido' y que su escolta lo arrastró «por trochas sin nombre en busca de un curandero o de un médico rural que no pregunte». La selva vuelve a ser escudo y hospital a la vez.

La operación aérea, lanzada el 14 de junio, fue la respuesta de Petro al aumento de cultivos en la cuenca del Apaporis. Doce bombardeos en menos de un año apuntan a un solo hombre. Ninguno lo ha tocado. La estadística escupe un dato incómodo: cada 30 días el Gobierno intenta matar a Mordisco y cada 30 días aparece vivo, más escoltas nuevos y menos gente de confianza.

La familia se derrumba y el cerco se estrecha

La familia se derrumba y el cerco se estrecha

Mientras él sangra en la montaña, la Fiscalía desmantela su núcleo duro en las ciudades. Andrés, Juan Gabriel y Luis Vera Fernández —sus tres hermanos— llevan meses tras las rejas. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, presume la cifra: 42 delaciones de terceros fueron la llave. Traducción: alguien que compartió mesa con Mordisco ahora negocia años de cárcel a cambio de contar dónde duerme.

El resultado es una paranoia en cadena. Los campesinos del Guaviarés cuentan que los escoltas del capo ya no se miran a la cara. «Se paran de espaldas cuando hablan por la radio», dice un raso desmovilizado que aún vive en el corregimiento de Miraflores. La desconfianza es el nuevo comandante de la guerrilla.

Petro apuesta todo a la teoría del 'golpe de cabeza': si cae Mordisco, las 2.500 fusiles de las disidencias del EMC se desmoronan. Pero la tesis se tambalea. El mercado de la coca no necesita rostros, necesita rutas. Y esas rutas ya están pagadas hasta la frontera brasileña, donde el precio del kilo de pasta se duplicó desde enero. Mordisco puede morir mañana y el negocio seguirá fluyendo como el Vaupés en crecida.

El presidente, sin embargo, no puede permitirse otro fracaso. A su izquierda internacional le exige resultados contra el narcotráfico; a su derecha interna le reclama seguridad. Por eso el próximo bombardeo ya está en la rampa. La aviación calcula que Mordisco perderá sangre y velocidad: un herido se arrastra más lento y deja más rastros. La Fuerza Aérea confía en que la selva, antes escudo, se convierta en tumba. La verdad es más simple: Colombia lleva doce intentos y Mordisco sigue vivo. La trece podría ser la definitiva, o la primera de otra docena.