Costa rica blinda sus playas con drones para semana santa

Un zumbido eléctrico sobrevuela Jacó, Manuel Antonio y Caldera. No es un avispón gigante: es el drone de la Policía Nacional que, desde el lunes, cuenta hasta el último bañista que entra al Pacífico. costa rica acaba de convertir el cielo en su primer auxiliar de playa.

El ojo que nunca parpadea

La flota mixta —aeronaves tripuladas y 14 drones DJI M300— despega a las 05:30 y aterriza con las últimoas brasas del atardecer. La directora del Servicio de Vigilancia Aérea, Carla Muñoz, lo resume en una frase que suena a orden de misión: «Queremos llegar antes que la marea». El algoritmo interno analiza 25 fotogramas por segundo: detecta corriente de resaca, tiburón, o un niño que se alea 30 m de su grupo. El dato viaja por 5G al puesto de mando y, en menos de 90 segundos, un bote de rescate ya navega hacia la coordenada.

La medida no es gratuita. El año pasado, entre Puntarenas y Quepos hubo nueve ahogamientos en cuatro días de Semana Santa. En 2024 fueron cinco. La curva baja, pero el gobierno se negó a interpretarla como éxito: «Una muerte sigue siendo un plan fallido», me dijo el ministro de Seguridad, Mario Zamora, antes de subirse a un helicóptero Black Hawk para revisar los puntos ciegos de la costa.

El negocio que se esconde tras la vigilancia

El negocio que se esconde tras la vigilancia

Mientras los drones graban, el sistema de pagos Tica registra un pico: 2,3 millones de dólares en ventas de comida y hospedaje solo el miércoles. El gobierno calcula que cada turista que se siente «observado y protegido» gasta un 12 % más. La lógica es fría: seguridad = dopamina = tarjeta de crédito. Por eso, aunque la ley costarricense exige licencia de vuelo visual para operar sobre aglomeraciones, la Dirección de Aviación Civil emitió una excepción exprés: los drones pueden volar hasta 120 m de altura y a 50 m de las personas, siempre que transmitan en vivo al Centro de Emergencias 9-1-1.

El contrato lo ganó la empresa privada AeroTica Security, filial de un holding israelí especializado en vigilancia de fronteras. El precio: 480 000 dólares por siete días, pagos con fondos del impuesto al turismo. La oposición habla de «outsourcing del cielo»; el gobierno responde que es más barato que mantener un helicóptero full-time. Lo cierto es que, por primera vez, la playa de Manuel Antonio tiene su propio jet-fighter de 900 g con lente térmica y altavoz incorporado que ordena: «Nadador, regrese a la zona segura».

Vacaciones largas, riesgo oculto

Vacaciones largas, riesgo oculto

El calendario ayuda al negocio. Este año los empleados públicos costarricenses descansan desde el lunes 30 de marzo hasta el viernes 3 de abril: cinco días corridos que convertirán la región central en un embudo de 1,4 millones de personas. El Banco Central proyecta un ingreso adicional de 340 millones de dólares, pero advierte un efecto colateral: los hospitales funcionarán con guardias mínimas y las autopistas 27 y 34 tendrán solo dos carriles operativos. La fórmula: más gente, menos servicios, ojo aéreo de refuerzo.

La última imagen que grabaron los drones ayer a las 18:42 es casi poética: un surfista regresa a la orilla, la tabla bajo el brazo, el sol incendiando el agua. Detrás, el drone gira y aleja su silueta cruzada contra el cielo. En la pantalla del centro de control, alguien anota: «Incidente cero». La planilla se cierra, pero la máquina sigue zumbando toda la noche. Porque en costa rica, la Semana Santa ya no es solo sinónimo de procesiones: es el momento en que el Estado alquila el cielo para que nadie muera en el paraíso.