cultura

Blas aparecido arrasa en la bienal de arte sacro con viejas que miran al cielo

78 obras sobrevivieron al filtro de 1.250 inscripciones. Solo una tuvo el poder de dejar al jurado sin aliento: Mis Chinas Viejas, el retrato desgarrado de Blas Aparecido que se llevó el primer premio de la XIV Bienal de Arte Sacro Contemporáneo.

El milagro de las abuelas que no rezan

El milagro de las abuelas que no rezan

El Museo Nacional de Arte Decorativo se quedó en silencio cuando Aparecido subió al estrado. Sus «viejas» no son santos de yeso: son mujeres de pómulos hundidos y miradas de tierra que parecen hablarle directo a Dios sin intermediarios. La Secretaría de Cultura los declaró de «interés nacional»; el Vaticano, que mira desde lejos, firmó el patrocinio. Pero lo que nadie firma es el pacto secreto que se cruza en esa sala: fe sin iglesia, dolor sin consuelo.

Ignacio Cassas se quedó con el segundo lugar por Veo desde un estómago, una instalación que obliga al visitador a meter la cabeza en un cilindro negro y escuchar los ruidos digestivos de la humanidad. Leonardo Cavalcante, con Suspensión, recibió el premio estímulo: un cuerpo levitando atado por filamentos de pescado que huelen a resina y a confesión.

El jurado —Burucúa, López Sastre y Sánchez Baroni— no pidió catarsis. Pidió obras que pudieran «romperle la cara» a un cura y a un ateo por igual. Lo consiguieron. Ramiro Pasch firmó la mención con Logos, una cruz de LED que titila versículos en binario; Marcolina Di Pierro y Gaba De Dios completan la lista de los elegidos.

La muestra respira hasta el 3 de mayo. Entrar cuesta lo mismo que una limosna: nada. Pero salir cuesta la certeza de que la fe ya no habita en las catedrales: habita en las grietas de las paredes y en las arrugas de quienes nunca tuvieron tiempo de rezar.