Mujeres firma su disco 20 años después: aún buscan la canción perfecta
Barcelona ya no exporta solo playas y latejas. Ahora despacha rock de garage que suena igual en la sala Upload que en el Primavera: Mujeres estrena Es un dolor inexplicable y confirma que la fama les llegó por la puerta de servicio, mientras otros se colgaban los carteles de sold out.
El trío que enseñó a carolina durante a no mirar atrás
Yago Alcover, Pol Rodellar y Arnau ‘Tito’ Sanz se plantan en Madrid con siete discos en la mochila y la misma chaqueta de cuero de 2007. Reconocen que sus colaboraciones —Rock y amistad con Carolina Durante, Al final abrazos con Cariño— les abrieron el acceso a festivales que antes les colgaban el teléfono. Pero aquí hay un truco que nadie cuenta: las canciones eran suyas al 100 %, solo prestaban la voz ajena para disfrazar el regalo.
El nuevo álbum dura veintisiete minutos y diez temas. Ninguno pasa de tres minutos. «Buscamos la canción perfecta dentro de nuestra fórmula», dicen. Lo que encontraron es un bucle de riff corto, coros que parecen gritos de bar y una batería que suena a caja de latas de Mahou. Se escucha una vez, se repite solo.

De cantar en inglés a dedicarle un disco a ayuso
La primera etapa de Mujeres era un pastiche de Television y The Sonics. Llegó Siento muerte (2021) y cambiaron el idioma, la ironía y el blanco: dedicaron el disco a la presidenta madrileña por la tragedia en las residencias. Ahora vuelven al reduccionismo: acordes de doce compases, estribillo a los cuarenta segundos, silencio. «No investigar; llegar y besar», resume Tito.
El vinilo sale en una edición de 2.000 copias troqueladas a mano. Han colado un tema exclusivo que no subirán a Spotify. «Queremos que la gente vuelva a tocar el disco de lado A y lado B como cuando se fumaba en la cocina», bromean. La jugada les sale redonda: la tirada se agotó en pre-venta en 36 horas.

La lección que nadie pide: resistir sin ser trending
Mientras la industria ficha grupos con 50.000 seguidores y los convierte en cabezas de cartel en un verano, Mujeres lleva 800 conciertos repartidos en furgoneta propia. «No hay trampa: seguimos llevando los equipos al Local de Ensayo 2 de Nou Barris», cuentan. El secreto no es el talento, es la constancia: tocar cada fin de semana, facturar las cervezas y dormir en casa de desconocidos que ahora son amigos.
El 2027 cumplirán veinte años. Ya guardan una caja de cintas perdidas de 2008 y sueñan con montar un estudio en un antiguo taller de bicicletas. «Autogestión total, como Yo La Tengo», dicen. No piden premios, solo que no les corten la luz cuando ensayen. La música les ha dado de comer, pero sobre todo les ha dado vecinos que aguantan los graves a las tres de la madrugada.
El disco ya está en las tiendas. No romperá charts, pero cada copia vendida es un bolo más, un kilómetro de autopista, una cerveza tras el bis. Mujeres no necesitan la fama: tienen la canción que suena justo cuando el público salta al mismo tiempo. Y eso, en 2026, es el milagro que nadie sabe contar con datos.