Dylan fuentes paga 350 mil pesos por su hijo y se hace el desentendido
En Barranquilla hay un padre que canta en tarima y otro que firma conciliaciones que luego olvida. El primero es Dylan Fuentes, ex Factor XS; el segundo, el mismo, pero visto desde la cuenta de TikTok de Angie Páez, la mamá de su hijo Maximiliano. Entre ambos versiones hay un hueco de 80 mil pesos mensuales y un niño que creció sin verse en la prioridad del boletín de pago de su papá.
La historia estalló el martes pasado, cuando Páez subió un video de tres minutos con capturas de WhatsApp, recibos de colegio y la cara de su hijo preguntando cuándo llegaría el uniforme nuevo. En menos de doce horas el clip superó los dos millones de reproducciones y convirtió la palabra “mantención” en trending topic en la costa Caribe.
De 430 mil a 350 mil: la rebaja silenciosa
Antes del acuerdo de conciliación firmado en diciembre de 2022, Fuentes aportaba 430 mil pesos. El documento lo bajó a 350 mil y, según la mamá, él lo celebró como un “ahorro”. Lo que no figuraba en el papel era la parte variable: los medicamentos, los paseos escolares, los zapatos que se rompen cada trimestre. Todo eso debía dividirse a mitad, pero Páez asegura que terminó pagando el cien por cien. “Me cansé de escribir ‘faltan 10 mil para el jarabe’ y que me respondan un sticker de manos rezando”, dice.
El músico, en su defensa, publicó un video desde el estudio. Fondo de luces violetas, voz pausada: “Nunca he incumplido, solo una vez por crisis económica”. La respuesta llegó en otro TikTok: Páez superpuso la fecha de ese “incumplido único” con una stories de Fuentes brindando en un lanzamiento de marca de tequila. El contraste cortó la respiración de los seguidores.

Uniforme nuevo, padre ausente
Noviembre fue el mes del aviso: cuatro uniformes, cuatro. Ella lo repitió hasta enero. El 8 de febrero, el colegio envió la lista de materiales y Fuentes reaccionó con un “✅”. El 15, Maximiliano llegó a clase con el mismo pantalón remendado. “¿Dónde estabas, Dylan? ¿En la radio diciendo que la música es tu vida?”, escribió Páez en el caption que desató la ola de indignación.
La frase “violencia económica” empezó a circular. La fiscalía de familia de Barranquilla confirmó que recibió una queja formal, aunque el caso aún está en admisión. Mientras tanto, la marca de gaseosa que patrocinaba al cantante suspendió la campaña prevista para este mes. “Evaluamos la situación internamente”, fue el comunicado de tres líneas que le costó a Fuentes un contrato de 180 millones de pesos, según dos fuentes de la agencia que manejaba la negociación.

El niño que no aparece en el rider
Lo más cruel no es la cifra; es la invisibilidad. Páez cuenta que Maximiliano cumplió siete años el 3 de mayo. Invitó a Fuentes con tres semanas de anticipación. El día llegó y el cantante envió un mensaje a las 9 p.m.: “Estoy en ensayo, hermana, felicidades al niño”. Ni un regalo, ni un peso del pastel. Esa noche, la mamá grabó al niño soplando las velas rodeado de primos y subió el video con la canción de su padre de fondo. El algoritmo hizo el resto: el audio se volvió viral y ahora suena en cada reproducción como una banda sonora de ausencia.
Fuentes intentó el contraataque: “Mi imagen es mi sustento, si me desgasto no puedo darle más a mi hijo”. La lógica le explotó en la cara. Los comentarios le recordaron que la imagen se construye también en la fila del colegio, en la receta del antibiótico, en la foto del primer día de clases. “Las marcas te contratan porque vendes carisma, pero ¿qué pasa cuando tu propio hijo no te compra?”, escribió un usuario con el nombre de una tienda de instrumentos musicales.
El viernes, Páez volvió a subir un clip. Esta vez mostró la libreta de notas de su celular: “Uniforme: $480 mil, zapatos: $220 mil, fotocopias: $45 mil, antibiótico: $78 mil”. Al final, la suma total y una sola línea: “Pagado por mamá”. El video termina con Maximiliano preguntándole a la cámara: “¿Papi viene al acto de promoción?”. La respuesta se quedó en silencio, igual que la conciencia de un padre que todavía no entiende que el escenario más importante ya no es la tarima, sino la puerta del aula.
