La pobreza bajó al 28,2 %, pero los bolsillos no lo sienten: salvia desarma el dato que encandila al gobierno
El Indec tiró el dato como un cohete de celebración: pobreza al 28,2 % en el segundo semestre de 2025, 9,9 puntos menos que un año antes. Agustín Salvia, el hombre que hace décicas que desmenuza números en la UCA, miró la pantalla y sintió vértigo. No por la cifra, sino por lo que esa cifra no alcanza a contar.
La indigencia baja, sí, pero mirá el boletazo de las tarifas
Salvia separa la pobreza de la indigencia como quien separa el trigo de la paja. La indigencia —6,3 %— cayó más que la pobreza y eso, dice, es “más legítimo”: los salarios le ganaron a la canasta básica alimentaria porque la comida se baratizó frente al resto de la economía. Un alivio. Pero apenas termina de pronunciarlo, suelta la otra mitad: “Las clases medias bajas dicen: ‘¿Cómo voy a estar menos pobre si no me alcanza?’”
La respuesta está en el recibo de luz, de gas, de colectivo. Desde fines de 2024 transporte, electricidad, agua y telefonía crecieron por encima de la inflación. El ingreso se licuó en servicios que antes se pagaban con monedas y hoy se pagan con cuotas. El resultado: meno para arreglar la casa, cero para la cuota del colegio, nada para reponer el colchón.

Argentina nunca baja del 29 %: el piso de hormigón que no se resquebraja
Salvia aprieta los datos contra la mesa. En veinte años, el país no logró perforar ese 29 %–30 % de pobreza estructural. Empleos precarios, salarios formales que no despegan, natalidad en caída libre. “Los hogares son más chicos, hay menos bocas, pero el ingreso no crece”, grafica. La demografía ayuda a maquillar el indicador, no a llenar la heladera.
Comparación cruel: volvimos al nivel de 2015, pero sin el crédito fácil de entonces, sin los viajes a Chile, sin el blanqueo que levantó la construcción. “Estamos tan mal como cuando salimos de la pandemia”, resume. El tercer trimestre tocó 26 %; el cuarto, estacional de fiestas, saltó al 29,5 %. El primer trimestre de 2026 ya muestra otra vez la cresta del 30 %.

La paradoja que nadie quiere firmar
Salvia lanza la frase que más duele: “La medición de la pobreza pierde vigencia”. No porque mienta, sino porque ya no describe la vida real. El Indec mide canastas; la gente mide fin de mes. Y entre ambas mediciones se abre un abismo de sensación de empobrecimiento. La clase media baja no compra más carne que antes; solo paga más por el mismo colectivo.
El investigador cierra con una ironía seca: “El país nunca salió del 30 %, solo se mueve dentro del 30 %”. Mientras no aparezcan empleos formales que paguen más que la inflación, la pobreza seguirá siendo un termómetro que marca fiebre permanente. El dato del 28,2 % es un punto en la curva, no el final de la historia. Y la historia, advierte Salvia, ya se escribe en cada recibo que llega por mail.