Los cajeros de supermercado ganarán 1.215.513 pesos: el pacto que desata la furia de las góndolas
El ministro de Trabajo acaba de sellar un aumento que convierte a los cajeros en los nuevos burgueses del mostrador: 1.215.513 pesos brutos para abril de 2026, una cifra que duplica el salario promedio del país y que ya genera ruido en las cámaras empresarias. La FAECyS festeja; las cadenas calculan cómo trasladar el costo a los precios.
De $60 mil y $40 mil a salario base: el truco que nadie vio venir
Lo que hasta marzo eran “sumas no remunerativas” —esos bonos que no valían para el aguinaldo ni la indemnización— ahora se mudan al básico. La maniobra, pactada en la paritaria de marzo, implica una inflación de la inflación: el 2 % de abril se aplica sobre una base que ya creció 100.000 pesos de golpe. Resultado: el ticket promedio del cliente subirá, porque el costo por caja escaló 8,7 % en un trimestre.
La clave está en la letra chica. Las horas extras —esa sangría del 50 % los sábados y 100 % los feriados— ahora se calculan sobre 1.215.513 pesos. Un domingo de primavera puede dejarle al cajero un extra de 11.000 pesos por cada hora. La parábola es clara: mientras el salario mínimo se arrastra en los 400.000, el empleado de comercio que pasa los productos por el lector de código de barras gana tres veces más.

El bono de 20.000 pesos que no aparece en el recibo
Para calmar a los mercados internos, la mesa negociadora incluyó un pago desinflacionario: 20.000 pesos en abril, pero fuera de la base imponible. Es dinero que no suma para jubilación ni para el próximo ajuste. Un gesto cosmético: alcanza para medio tanque de nafta o un par de kilos de asado, pero no altera la curva de indemnizaciones.
El Ministerio de Economía ya advirtió que la cláusula de revisión automática —activada si la inflación de los próximos meses supera el 4 % trimestral— puede disparar nuevas paritarias antes de septiembre. Es la escalada salarial sin freno que el Banco Central teme: más pesos en el bolsillo, más presión sobre el tipo de cambio oficial.
La ironía final: mientras el gobierno presume “recuperación del poder adquisitivo”, las góndolas ya anotan el primer reajuste. El cliente paga el mismo producto más caro para financiar el sueldo de quien se lo cobra. Círculo perfecto. Círculo vicioso.