Luxemburgo desafía la fragmentación financiera y apuesta por el renminbi
Gilles Roth ha puesto la directa. El ministro de Finanzas luxemburgués advirtió este 24 de marzo que desconectar la economía global no es un riesgo, es una opción política. Y Luxemburgo, ha dejado claro, no está dispuesto a pagar el precio de esa opción.
Lo hizo ante más de cien representantes de instituciones, bancos y universidades de China y la UE reunidos en el Forum 2026 New Quality Productive Forces & Cross-Border Finance, copatrocinado por la Cámara de Comercio China en la UE y Bank of China Europe. El mensaje fue directo: la desglobalización no pasará por el corazón financero de la Eurozona.
Roth: «la desconexión no es un destino, es una decisión»
«Des-risking no debe ser sinónimo de fragmentación», sentenció Roth. La frase suena a eslógane, pero detrás hay un cálculo frío: Luxemburgo gestiona activos por valor de 5,4 billones de euros y canaliza el 40 % de las inversiones chinas en Europa. Si alguien puede permitirse decir «no» a los muros financieros, ese es Roth.
El ministro subió la apuesta. Aseguró que la internacionalización del renminbi no es un capricho de Beijing, sino una «variable de confianza» que Luxemburgo puede acelerar desde su plaza única: clearing, fondos de inversión, seguros y banca privada. Es decir, todo el stack que necesita el yuan para dejar de ser moneda emergente y convertirse en divisa de reserva.
La contrapartida china llegó de la mano de Suo Peng, consejero económico de la Misión china ante la UE. Su dato: el comercio bilateral China-UE creció un 5,4 % en 2025 y la inversión directa china en Europa se disparó un 40 % interanual. «El stock supera los 280.000 millones de dólares. La cooperación no solo resiste, se expande», recalcó. Lo que nadie cuenta es que ese crecimiento se produce mientras Bruselas debate nuevos aranceles a paneles solares y vehículos eléctricos.

El plan quinquenal que inquieta a bruselas
El embajador Hua Ning desgranó el 15.º Plan Quinquenal chino (2026-2030): innovación tecnológica como eje central, integración entre manufactura avanzada y servicios modernos, y un mercado interno que aspira a absorber la producción que antes exportaba. Traducción: China ya no necesita venderle a Europa lo que antes compraba; ahora quiere invertir en la UE para producir dentro de sus fronteras.
Liu Jiandong, presidente de Bank of China Europe, fue más explícito: «Las nuevas fuerzas productivas son alta tecnología, alta eficiencia, alta calidad». Y, sobre todo, verdes y digitales. Es decir, los dos sectores donde Europa aún conserva ventaja y donde China necesita acceso a tecnología que Washington le niega.
El informe presentado por la CCCEU, «Weathering Challenges, Sharing Success», revela la clave: las empresas chinas en Europa valoran sobre todo estabilidad regulatoria y alineación normativa. No piden subsidios, piden reglas claras y que no cambien cada trimestre. Lo que en Luxemburgo se traduce en seguro jurídico y tratamiento fiscal predecible.
El foro terminó sin declaraciones finales, pero la foto de familia fue el mensaje: mientras otros construyen muros, Luxemburgo sigue tendiendo puentes. Y cobra por ello. Porque en la nueva guerra fría, el que controla los flujos, gana. Y Roth acaba de recordar que el Gran Ducado sigue siendo la válvula de escape del capital global.
