Milei gana en números pero pierde en calidad: más empleo, peores trabajos
El ajuste de Milei creó 299.000 puestos para profesionales y operarios cualificados, pero la mitad de los nuevos trabajadores no termina la secundaria. La productividad sube 4,9 % y el salario real sigue cayendo: la recuperación es cantidad, no calidad.
El dato que ningún spot oficial muestra
El Indec acaba de entregarle al Gobierno el primer informe cardíaco de su gestión. El diagnóstico: corazón partido. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, la Argentina sumó 298.900 ocupados en los estratos más calificados: 137.800 profesionales y 161.100 operarios especializados. Las cifras suenan a golpe de efecto hasta que se leen las contrapartidas: en ese mismo lapso se perdieron 254.100 empleos de técnicos y trabajadores sin cualificación y, paradoja brutal, aumentaron 148.800 personas con primaria incompleta. El mercado laboral creció, sí, pero hacia abajo.
La explicación no está en las aulas sino en la heladera. Cuatro de cada diez nuevos ocupados abandonaron la escuela para llevar un plato a la mesa. La pobreza cronica empuja a los adolescentes a aceptar changas en negro que les garantizan 30.000 pesos semanales y les roba el futuro. El resultado: por primera vez desde 2004 la franja de trabajadores con educación superior completa baja al 24,7 % del total. Milei prometió «eficiencia»; está entregando mano de obra barata.

Productividad en venta de saldos
El PBI creció algo más que el empleo, así que la productividad por trabajador trepó 4,9 %. ¿Logro? Más bien gato por liebre. El índice se ubica en 111,5 puntos, levemente arriba del piso pandémico, pero todavía a 9,4 puntos del promedio de los últimos 20 años. La empresa argentina no invierte en máquinas: ajusta plantilla, exprime turnos y premia la flexibilización. El salario real, claro, se desinfla: en el sector privado registrado acumula una caída del 12 % interanual según la serie desestacionalizada del Indec. La productividad creció porque el salario se achicó, no porque haya más capital en máquinas.
Mientras tanto, el empleo informal ya roza los 8,2 millones de personas y el registrado se contrae a 12,9 millones. La brecha llega al 38,8 % y es la más alta desde 2010. La lógica es perversa: cuanto más sube la desocupación ―1,24 millones de personas en el último año―, más se amplía la masa de trabajadores dispuestos a aceptar cualquier ingreso sin derechos. Milei abrió la compuerta y llama «libertad laboral» al desguace del convenio colectivo.

Capacitaciones exprés que no engañan a nadie
Ante el vacío de calificaciones, las empresas improvisan cursos rápidos de 40 horas y los titulan «operador logístico nivel Avanzado». El Ministerio de Trabajo celebra la iniciativa privada y se lava las manos. Funciona así: se contrata a un chico de 19 años sin secundario completo, se le regala un certificado de Excel básico y se le paga un 30 % menos que al técnico que reemplaza. La pobreza se reproduce en la fábrica: los jóvenes aprietan tuercas durante doce horas, duermen en piezas alquiladas y a los seis meses ya tienen espalda de cuarentón. El círculo se cierra: más empleo, menos escuela; más rotación, menos sindicato; más productividad, menos salario.
La radiografía completa la entrega la EPH: entre los 30 y 64 años hay 420.000 ocupados nuevos; entre los menores de 29 se perdieron 418.700. Milei le habla a la clase media acomodada que ya logró estabilidad y les promete «derrame». El derrame real llega a los mayores de 65: sumaron 60.000 trabajadores, la mayoría recibe la jubilación mínima y aún así deben repartir folletos en el subte para completar la medicina. La Argentina que «despega» tiene las alas cortadas por el ajuste.
El Gobierno venderá estos datos como «recuperación laboral». Será cierto en la superficie: hay más ganes de trabajar que nunca. Pero basta cruzar la avenida General Paz para descubrir que la cola de la subocupación ya alcanza los 2,6 millones y que el salario promedio no alcanza la canasta básica. La métrica que importa no es la cantidad de puestos, sino la calidad de las vidas que esos puestos permiten vivir. Ahí, el primer semestre de Milei deja un saldo rojo que ningún tweet podrá maquillar.
