Nafta a casi 2 mil pesos: el tanque lleno ya cuesta más que un salario mínimo
El surtidor marcó $1.999 y el conductor tardó un segundo en mirar el ticket: $95.952 para llenar un Fiat Cronos. La nafta súper cruzó la barrera psicológica que nadie quería ver y arrastró al resto de los combustibles a una escalada que en los últimos treinta días acumula 20 % de aumento. La nafta premium ya vale $2.223, el gasoil común $2.099 y el premium $2.259. El mensaje es claro: moverse por la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en un lujo que ni siquiera los modelos más económicos pueden disimular.
El litro que rompió el bolsillo
El relevamiento de Infobae recorrió más de 50 estaciones de servicio en CABA y encontró precios que ya no distinguen bandera: YPF, Shell y Axion comparten la misma cifra redonda. El efecto dominó es inmediato. Un Peugeot 208 necesita $93.953 para llenar el tanque; un Volkswagen Polo, $109.945. El tanque de un utilitario como la Peugeot Partner ya supera los $100.000, una cifra que hasta hace dos años equivalía a tres meses de alquiler en un barrio medio de la capital.
La calculadora interactiva que publicó el medio se volvió trending topic en WhatsApp: los usuarios ingresan litros y modelo, y el sistema devuelve el golpe. La ironía llega cuando el resultado se compara con el salario mínimo vigente: $156.000. Cargar dos tanques de un Gol completo ya consume el 31 % del ingreso mensual formal más bajo del país.

Los que no pueden elegir no circular
El aumento castiga doble a quienes viven de la rueda. Mensajeros de apps, repartidores de comida y choferes de remises privados calculan ahora cada viaje en función del costo del combustible. "Si antes me rendía 1.200 pesos por viaje, hoy necesito 1.800 para no perder plata", resume Javier, un conductor de Uber que reparte su día entre tres aplicaciones. La estrategia de cargar solo lo indispensable duró dos semanas: el surtidor sube todos los viernes y el medidor interno lo sabe.
El transporte de cargas ya avisó que el flete se ajustará en julio. La cadena logística anticipa un nuevo impulso inflacionario que la familia terminará pagando en el precio de la leche, del pan y de cualquier producto que llegue en camión. La nafta dejó de ser un insumo para convertirse en un termómetro de la economía: cuando el surtidor marca $1.999, el resto de los precios ya sabe a qué número apuntar.
La semana termina y las estaciones ya exhiben en sus pizarras el próximo número redondo: $2.050. Nadie se atreve a confirmar la fecha, pero los empleados repiten el mismo chiste negro: "Acá no hay promoción, solo anticipación". El mensaje es brutal: el tanque lleno ya cuesta más que un salario mínimo y el próximo aumento está a la vuelta de la esquina, como siempre, listo para superar cualquier presupuesto que el bolsillo intente armar.
