Nafta con más etanol: el golpe de timón que el gobierno prepara y tu auto ya tolera

En el taller de Oreste Berta (h) en Alta Gracia no hay debate: los motores argentinos ya vienen cargados de margen. El viernes pasado, mientras el Ministerio de Economía anunciaba que la mezcla de bioetanol podría trepar al 15% para contener la cuenta del petróleo importado, él terminaba de desarmar un 1.6 naftero que llevó 27% de alcohol de maíz durante cinco años sin un sólo arañazo en cilindros. La conclusión es una sola: el límite no es mecánico, es político.

El motor no se rompe, la factura se modera

Desde 2019 la nafta argentina ya lleva 12% de etanol. Subir tres puntos no altera la química interna: el consumo crece apenas 2% y las emisiones de CO₂ bajan 7%, según el banco de pruebas que Berta montó para la flota oficial de Córdoba. El dato que nadie firma en el decreto: el etanol cuesta 35% menos que la nafta de origen fósil. Hacer la cuenta es simple: cada punto extra de alcohol le resta al surtidor unos 3,5 pesos por litro. Con 15% la nafta podría bajar ocho pesos sin tocar el impuesto.

El problema es la estacionalidad. En abril el molino paga el maíz a 90 dólares la tonelada; en agosto, si la soja lo desplaza, se dispara al 140. La industria del etanol le pidió al gobierno un esquema de deslizamiento mensual, igual al que ya usan el biodiesel y el gasoil. La respuesta llegó el lunes en forma de resolución: precio máximo declarado, pero abierto a revisión trimestral. Es la misma fórmula que Brasil aplica hace veinte años y que hoy le permite vender etanol en el surtidor a 60 centavos de real por litro, la mitad que la gasolina.

El parque automotor ya es binacional

El parque automotor ya es binacional

Ford, Volkswagen y Renault fabrican en Córdoba motores Flex que exportan a Brasil con 27% de mezcla y nadie los toca. Llegan a Buenos Aires con etiqueta nafta y se venden sin el sello verde. Berta lo resume en una frase que suena a chiste de mecánica: "Tenemos los autos de un país y el combustible de otro". Su laboratorio probó 47 modelos: desde un Gol Trend 2015 hasta una Hilux 2022. Solo tres turbinas antiguas requirieron cambio de juntas de goma. El resto, sin tocar una tuerca, tragaron 27% y arrancaron a los 5 grados bajo cero.

La traba es burocrática. El reglamento de homologación de vehículos nuevos exige declarar el combustible para el que fueron diseñados. Si mañana se habilitara el Flex, las terminales deberían reingresar cada modelo a la prueba de emisiones. El trámite cuesta 250.000 dólares por versión y demora seis meses. La solución que negocian las fábricas: un protocolo de equivalencia que reconozca los certificados de Brasil, donde ya se venden los mismos autos. El ministerio de Transporte tiene el expediente en carpeta desde julio del año pasado.

El campo ve doble negocio

El campo ve doble negocio

En el norte de Santa Fe los productores de maíz ya firmaron contratos forward por 1,2 millones de toneladas para convertir en alcohol. El precio FOB del etanol les garantiza 15% más que la exportación de granos. El remanente de gluten se vende a 400 dólares la tonelada como proteína para feedlots. "Es la cadena que más valor agregado le devuelve al productor", resume Berta mientras muestra un gráfico: cada 1.000 pesos de etanol generan 600 pesos en el campo, contra 320 que deja la nafta importada.

La pregunta que queda en el aire es cuánto dura la ventana. Si el petróleo vuelve a 70 dólares, la nafta de parafina vuelve a ser más barata que la del campo. El gobierno ya adelantó que la mezcla máxima subirá a 22% en 2025, pero con una cláusula de reversión si el spread internacional se achica. Berta no cree en el retroceso: "Brasil pasó de 20% a 27% en la misma crisis del 2014 y nunca miró atrás".

El domingo, mientras los autos hacen cola en la estación de servicio de la ruta 9, el contador de la nafta marcará un precio 4% menor. El cliente no sabrá que el grano que carga el tanque es argentino, que el motor ya lo tolera y que la factura de abril podría haber sido peor. El ajuste empezó: el etanol no es más el futuro, es el descuento que el presente se permite.