economia

Pakistan respira, pero el fmi le prepara la cuenta final

Islamabad celebra demasiado pronto. El último visto bueno del FMI suena a victoria, pero en realidad es el prólogo de la hora de la verdad: en seis meses se cierra el grifo y el país seguirá sediento de divisas.

El silencioso derrumbe de las exportaciones

Shehbaz Sharif prometió que este sería el último programa. Lo que no dijo es que, mientras los técnicos del Fondo firman la revisión, los envíos pakistaníes al exterior se desploman y el déficit comercial crece como una mancha de aceite. El plan oficial preveía un salto exportador que compensara la factura de la deuda; la realidad, una caída del 8 % interanual en textiles y del 12 % en productos agrícolas. La receta del FMI tenía 67 páginas de metas fiscales, cero sobre cómo vender más al mundo.

El Banco Estatal acumula reservas que alcanzan apenas para dos meses de importaciones. La lógica del Fondo es prestarnos para que paguemos, no para que produzcamos. Así, cada tránsito de 1.200 millones de dólares —los dos desembolsos que ahora tramita el board— se convierte en una cuerda que ata al Tesoro a su propia deuda.

La trampa del nuevo préstamo verde

La trampa del nuevo préstamo verde

Al paquete original se suma un crédito paralelo del Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad. Suena ecológico, pero es más FX puro y duro: 400 millones para proyectos climáticos que, en la práctica, financiarán importaciones de gas licuado y repagarán bonos soberanos en dólares. El gobierno lo firmó sin debate parlamentario; el costo político será exigido después.

El FMI aceptó que la guerra en el Golfo empeorará el déficit externo, pero se limitó a «mantener las metas». Traducción: si el petróleo sube y los remesas bajan, habrá que comprar dólares más caros en el mercado local o volver a Washington con la gorra en la mano.

¿Y ahora qué? dos caminos, ambos amargos

Sin programa, Islamabad solo puede elegir entre agravar la recesión interna —devaluando para incentivar exportaciones— o endeudarse a tipo de mercado, hoy cercano al 12 % en dólares. La primera opción lleva a inflación de tres dígitos; la segunda, a una reestructuración que los bancos locales aún no han provisionado. El FMI lo sabe: por eso los economistas del departamento Asia-Pacífico ya redactan el memorándum del próximo rescate. A Sharif le quedan meses para demostrar que esta vez mintió con convicción.