Ypf se salvó de pagar 18.000 millones y ahora apunta a exportar 45.000 millones
Horacio Marín lo dijo sin dramatismos: si la Corte fallaba en contra, YPF dejaba de existir. La petrolera estatal acababa de sortear una condena de 18.000 millones de dólares por la estatización de 2012. Ahora, con la espada levantada, planea convertir a Vaca Muerta en una fábrica de divisas que en 2032 podría vender al exterior 45.000 millones anuales, más que todo el agro hoy.
De la condena al celuloide
La historia parece guion de Nacho Films: un abogado advierte que perder significa la liquidación, los intereses trepan desde 2013 y el país encima atraviesa una hiperherencia de dudas. El monto inicial era 16.000 millones; con intereses, 18.000. Dos juicios, un solo objetivo: demostrar que la estatización fue una «violación al derecho de propiedad», según la acusación. La Corte de Apelaciones anuló la sanción contra el Estado; YPF ganó en ambas instancias. «Los propios letrados creían que las chances eran mínimas», recordó Marín en La Nación Más.
La victoria, sin embargo, no fue obra del azar. El CEO enumeró al equipo que llevó la defensa: la procuradora del Tesoro María Ibarzábal Murphy, el canciller Pablo Quirno, el ministro de Economía Luis Caputo y, por supuesto, Javier Milei. El Presidente se subió al ring con el mameluco puesto y el gobernador bonaerense Axel Kicillof lo criticó por usar la indumentaria de una empresa que, según él, no debería ser bandera de campaña. Marín respondió sin anestesia: «La gente de YPF se siente orgullosa. Es un gesto de quien está en el pozo, no en el escritorio».

Vaca muerta ya no es un eslogan
Mientras el país celebra el alivio judicial, en Neuquén las torces no se apagan. El cambio de esquema —apertura de mercado, tipo de cambio sin cepo, incentivos a la inversión— hizo que las 'supermajors' desempolvaran los mapas. «Empresas americanas que nunca habían venido ya están perforando», dijo Marín. La producción había tocado fondo durante años; ahora crece y el horizonte es 2032: 45.000 millones de dólares de exportaciones. Más que las divisas que hoy ingresan por la soja y el maíz juntos.
La ironía es servida: la estatización que casi sepulta a YPF puede terminar financiando el despegue que el país busca desde 1950. El riesgo jurídico se convirtió en tarjeta de presentación para inversores que miran el shale argentino con lupa y calculan retornos en dólares, no en pesos. El juicio fue la piedra en el zapato; ahora se usa como ripio del relato de recuperación.
Marín no habla de «modelo» ni de «planes secretos». Habla de números que ya no asustan: pozos que duplican producción, ductos que se llenan, barcos que esperan en Bahía Blanca. El mameluco, en ese contexto, deja de ser símbolo electoral y se vuelve uniforme de faena. «Despejamos el camino», resume. La cuenta es simple: si el país no pagó 18.000 millones, tiene 18.000 millones para invertir. Y si Vaca Muerta cumple el pronóstico, la deuda que nunca llegó a existir será apenas una anécdota en la memoria de YPF.
