El dólar que no se mueve: 40,61 y la promesa de una estabilidad que nadie cree
40,61 pesos uruguayos. La cifra ronda como un mantra desde hace tres sesiones y, sin embargo, nadie en la City la toma como señal de tranquilidad. El tipo de cambio abrió este 30 de marzo exactamente igual que ayer, que anteayer, y la mesa de dinero del Banco Central respira aliviada: la volatilidad anual se derrite, el IPC camina hacia el centro de la diana y el PBI ya no asusta. Pero hay un detalle que el comunicado oficial no menciona: en el interbancario se negociaron ayer USD 38 millones por debajo del promedio mensual, y los exportadores de carne guardan silencio porque temen liquidar a este precio.
La trampa de la estabilidad
El 0 % de variación diaria esconde un 1,11 % de avance en la última semana y un 0,73 % interanual que, en dólares, representa USD 120 millones menos de ingresos para los frigoríficos. La frase técnica del BCU habla de “bandas de flotación eficientes”, pero en la oficina de cambio del Aeropuerto de Carrasco la realidad se traduce en filas de turistas que compran verdes a 42,30 y venden a 39,80. El spread, claro, sigue siendo el negocio redondo de las casa de cambio.
La previsión que circula entre los analistas del BCU apunta a un dólar a 40,19 a fines de 2026. La mediana de la encuesta, eso sí, se firmó en enero cuando aún latía la esperanza de un 2,47 % de crecimiento. Ahora el PBI se ajustó a 1,87 % y la inflación trepa despacio hacia el 4,5 % que el equipo de Diego Labat define como “meta, no techo”. El mensaje es claro: el peso se defenderá, pero sin intervenciones bruscas. La historia, sin embargo, recuerda que la última vez que el dólar se estancó tanto fue en 2001, y meses después llegó la devaluación que llevó al país a la flotación libre.

El fantasma del 2002
Quienes operaron en aquella crisis llevan tatuada la fecha: el 24 de junio de 2002 el dólar saltó de 14 a 32 pesos en una semana. Hoy la base monetaria está respaldada en USD 7.500 millones de reservas, pero la brecha exportadora se agranda: en enero los embarques de soja cayeron un 23 % interanual y la leche en polvo no logra recuperar el precio de 2022. El Central puede frenar la cotización con ventas spot, pero no puede obligar a los frigoríficos a liquidar divisas que ya no ingresan.
El ministro de Economía, Azucena Arbeleche, lo resume en off: “Mientras el BCU mantenga la tasa de interés en 9,25 %, el carry trade seguirá entrando y el peso se sostendrá”. El problema es que la Fed acaba de insinuar tres nuevas subas y Montevideo ya detecta fuga de capitales hacia fondos del exterior. La mesa de dinero del BROU detectó en febrero la primera venta neta de bonos en 18 meses.

La apuesta que nadie se anima a cantar
Los bancos privados enviaron a sus clientes una nota interna: “Comprar dólar a 40,60 con inflación de 4,4 % y tasa real positiva es un seguro gratis contra el riesgo político de 2025”. La frase suena técnica, pero esconde una convicción: si el Frente Amplio vuelve al poder, la política cambiaria podría relajarse. El dólar proyectado para diciembre de 2027 es 41,46, pero en el mercado de futuros del Rofex ya se opera el 42,80 para entonces. La diferencia, USD 220 millones de primas de riesgo, la pagan los importadores que prefieren asegurarse hoy antes que lamentarse mañana.
El cierre de la sesión dejó otra imagen: en la puerta de la Bolsa de Valores un corredor encendió un cigarrillo y miró el reloj. “Son las cuatro y pico, el dólar no se movió y yo ya perdí plata”, dijo. La frase resume la paradoja: la estabilidad oficial es volatilidad para quien vive del spread. Y en Uruguay, cuando el tipo de cambio se queda quieto, el país empieza a descontar que, tarde o temprano, saltará.
