G7 a punto de caramelo: el petróleo dispara la factura y lagarde pide un plan b
Mientras los barriles se encarecen 12 % en 72 horas, los ministros de Energía y Economía del G7 se aferran este lunes a una pantalla: la videoconferencia que empieza a las 9.00 CET puede ser la última oportunidad de evitar una recesión inducida por la guerra en Medio Oriente. Lo que en febrero parecía un episodio aislado —los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán— se ha convertido en un cuello de botella global que ya cuesta 0,4 puntos de PIB a la eurozona, según el cálculo preliminar que Bercy circuló ayer entre los socios.
La factura asiática que nadie quiere pagar
El ministro francés Roland Lescure no se anduvo con eufemismos: «Asia importa el 65 % del crudo que pasa por Ormuz; si Teherán mantiene el bloqueo, el shock será asimétrico y brutal». Traducción: Tokio y Seul ya negocian un excedente de gas licuado con Qatar, pero la India —tercer cliente de Irán antes de las sanciones— tiene reservas para 18 días y un défisis comercial que se dispara. El G7, por primera vez en 50 años, convoca a gobernadores de bancos centrales y CEOs de trading para diseñar un mecanismo de «swaps» de emergencia que evite colas en las gasolineras sin repetir el fiasco de 1973.
Detrás del telón, Lagarde presiona a la Casa Blanca para que acepte un tope dinámico al precio del crudo ruso ampliado a Irán: «No podemos financiar dos guerras con la misma factura energética», espetó la presidenta del BCE en una llamada privada a Yellen, según dos participantes. La contrapropuesta de Washington pasa por reabrir el grifo de las reservas estratégicas —ahora en mínimos de 40 años— a cambio de un compromiso europeo de aumentar la producción nuclear como puente hasta 2026.

El estrecho que paraliza al mundo
El Pentágono ha desplegado 4.700 marines en Bahréin y Al-Dhafra, el mayor refuerzo desde la invasión de Irak. El objetivo oficial: garantizar la libertad de navegación por el estrecho de Ormuz, por donde circula el 21 % del petróleo consumido globalmente. Pero en la práctica, los armadores cobran un «premium de conflicto» de 250.000 dólares diarios por cada VLCC que atraviesa la ruta sin escolta. La guinda: el 30 % de los buques que llegan a Europa con cargamento de crudo han desviado ya su ruta hacia Cabo de Buena Esperana, añadiendo 15 días y 900.000 $ por viaje.
En la terminal de Sines (Portugal), la descarga de un cargamento de gas natural licuado se retrasó ayes 48 horas por un fallo logístico originado en Singapur. La cadena de frio se rompió y Galp tuvo que activar un contingente de camiones criogénicos desde Huelva. Pequeños síntomas de una enfermedad que puede desembocar en desabastecimiento de fertilizantes justo cuando el campo europeo prepara la siembra de cereales de primavera.

Italia en la encrucijada
Roma llega a la reunión con la baza del gasoducto Transmed, que desde Argelia aporta el 35 % de las importaciones nacionales. Giancarlo Giorgetti reclama un «corredor mediterráneo» prioritario para que los aumentos no se traspasen a la factura industrial: cada 10 €/MWh de subida, la competitividad de siderúrgicas y vidrieras se reduce un 2 %, según Confindustria. El riesgo es real: Eni ya negocia con Azerbaiyán un contrato spot que duplicaría el precio pagado en 2023, pero garantizaría 3 bcm adicionales hasta abril.
El escenario más oscuro lo dibujó ayer la propia Comisión Europea: si Irán cierra completamente Ormuz, el PIB de la eurozona podría contraerse un 1,2 % en 2025 y la inflación repuntar hasta el 5 %. Cifras que, en términos de votos, se traducen en 3,4 millones de desempleados adicionales y un coste fiscal de 180.000 millones solo en subsidios por despidos y reducción de impuestos a la producción.
La reunión de hoy no firmará sanciones nuevas ni resoluciones: servirá para medir quién está dispuesto a sangrar antes que ceder. Mientras, en la city londinense los futuros de Brent para diciembre ya se pagan a 97 $, y el IEA advierte de que la demanda global de petróleo superará la oferta en 2,6 mb/d en el tercer trimestre. El mensaje es brutal: sin un alto el fuego en el Golfo, el ajuste vendrá por destrucción de demanda, es decir, recesión. Y las urnas, no lo olvidan, se abren en noviembre en Estados Unidos y en mayo en Europa.