Gómez desafía a petro y uribe: 'no están en el tarjetón pero mandan'

Enrique Gómez prendió fuego a la campaña colombiana con un video de 90 segundos donde fulmina a los 'jefes ocultos' de la contienda: Gustavo Petro y Álvaro Uribe. «El presidente bagre seco no está en el tarjetón pero le hace campaña a Iván Cepeda», lanzó antes de subir el volumen: «Uribe tampoco aparece por ningún lado, pero ordena el voto por Paloma Valencia». La frase recorrió WhatsApp como un virus y dejó al país frente al espejo: ¿decide el nombre que aparece impreso o el poder que se esconde?

La guerra de los hijos

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Tomás Uribe no tardó en devolver el golpe. «¿De la Espriella autorizó esto?», escribió, insinuando que el ataque era parte de una estrategia calculada. Gómez respondió sin bajar el tono: «Aquí no pedimos permiso para hablar». Y le devolvió la pregunta: «¿Los insultos a Abelardo —que lo llaman 'pendejo'— salieron con tu visto bueno?». En menos de una hora el intercambio acumuló 1,2 millones de vistas y volvió a poner sobre la mesa la vieja herida: en Colombia los apellidos pesan más que los programas.

El abogado antioqueño sabe que su espacio es estrecho: Salvación Nacional navega en el 3 % de intención de voto. Por eso apuesta a convertirse en la válvula de escape de quienes están hartos del binomio Petro-Uribe. «Otro pleito de 20 años entre los mismos ¿es eso lo que necesitamos?», gritó ante un mercado de Montería mientras los comerciantes aplaudían. La escena, subida a TikTok, sumó 400 mil reproducciones y le valió el primer espacio en noticiero nacional de la noche.

La jugada es clara: Gómez no busca ganar en primera vuelta, quiere ser el factor perturbador que obligue a la segunda a negociar con él. «Si Paloma pasa, le cargamos la maleta sin dudar», dijo para desmarcarse del veto cruzado que sufrió su fórmula en la consulta opositora. La afirmación encendió alertas en el Centro Democrático: temen que una parte de su electorado duro —el sector evangélico y los antipetristas recalcitrantes— prefiera al predicador que a la senadora.

Mientras tanto, Petro calla. Uribe también. Pero sus silencios retumban. En la Casa de Nariño revisan cada mañana los reels de Góomez; en el COMITÉ de seguridad de Uribe hacen lo mismo. Ambos saben que el outsider les quitó el monopolio del enfrentamiento y se lo entregó a la calle. «No estamos discutiendo en Twitter, estamos en los corregimientos», cerró Gómez antes de subir a una camioneta sin aire acondicionado rumbo a Tierralta. El mensaje es brutal: la política colombiana ya no se escribe solo en escritorios de Bogotá; ahora también se escribe en el polvo del Sinú.