Ibáñez rompe el mito: la premier saudita ya no es un retiro dorado
Roger Ibáñez se ríe del estereotipo. Lleva diez meses en Arabia Saudí y asegura que regresó a Europa más fuerte que cuando se fue. La prueba está en la convocatoria de Ancelotti para el amistoso contra Croacia y en la pregunta que el italiano le soltó en la concentración: «¿Has jugado alguna vez de lateral derecho?». La selección brasileña necesita urgente un tapagrietas y el ex Roma se ofrece. No le importa el puesto; solo quiere estar en el 11 que empezará a dibujar el ciclo hacia el Mundial 2026.
De la serie a al desierto: el salto que nadie entendió
Cuando firmó por el Al-Ahli en agosto de 2023, los titulares hablaban de «exilio dorado». El club le duplicó el sueldo, pero Ibáñez juró que lo hizo por fútbol, no por petrodólares. «En Italia me tachaban de error táctico, aquí me exigen ganar cada semana», cuenta con la voz quebrada del que ha dormido poco. La liga saudí le ha programado partidos cada 72 horas, con aviones privados que despegan a las 3 a.m. y estadios que se llenan aunque hagan 42 grados. «En cada campo hay un delantero que te recuerda que esto ya no es un campeonato de veteranos», advierte.
El dato lo respalda: el Professional League ha subido del puesto 67 al 40 en el ranking IFFHS en solo dos temporadas. El nivel medio de extranjeros pasó de 28 a 23 años y el gasto en fichajes creció un 320 % desde 2021. Ibáñez lo vive en primera persona: «Antes te plantabas delante de un tipo que corría poco; ahora te marca Malcom, te desborda Saint-Maximin y te presiona Kanté. Si bajas la guardia, te destrozan».

La llamada de ancelotti y el efecto fabinho
El zaguero confiesa que el 5 de marzo se quedó helado cuando vio el nombre de Fabinho en la lista. «Hablé con nuestro utilero en Riad y le dije: si él vuelve, yo también tengo opción». Dos semanas después llegó el mensaje del coordinador de la Canarinha. «No lo entendía, pensé que era un error». No lo era. Militao sigue roto, Wesley lesionó la rodilla y la zaga necesita variantes. Ancelotti prefiere un central que pueda desplazarse a la banda antes que improvisar a un mediocentro. Ibáñez, que jugó de lateral en la base de Atalaya, encaja.
El entrenador le dio dos órdenes: «No pierdas intensidad y lidera el juego aéreo». El brasileño ha ganado el 68 % de los duelos esta temporada, solo por detrás de Rudiger entre los convocados. «Aquí entreno doble sesión con 35 grados; cuando llego a Orlando siento que respiro oxígeno puro», ironiza.
El mundial de 2026 ya no discrimina direcciones
La selección brasileña perdió tres de sus últimos cuatro amistosos y la afición levanta la voz: «Queremos la alegría de antes». Ibáñez lo escucha y contraataca: «La alegría se entrena». En la charla con la prensa repite cuatro veces la palabra «intensidad» y dibuja un escenario que nadie había previsto: un Mundial donde juegan Kanté, Benzema, Neymar y tal vez él, todos criados en ligas que la UEFA mira por encima del hombro.
El central cree que el mapa del poder futbolístico se está reconfigurando. «La Champions ya no es el único escaparate; el planeta entero se conecta a las 9 p.m. para ver a Cristiano en Al-Nassr». La frase suena a arenga, pero detrás hay un negocio que factura 2.600 millones de euros en derechos televisivos y que ha seducido a 47 ex jugadores de la Premier en dos años.
Ibáñez no quiere ser un caso aislado. «Si rindo, Ancelotti no tendrá excusas». El mensaje es claro: la próxima convocatoria no dependerá del código postal, sino del número de balones que despeje bajo el sol de Riad. El domingo, ante Croacia, puede empezar a demostrarlo. Y si lo logra, el desierto habrá ganado su primera batalla contra el prejuicio.
