Incendio en el pacífico: tres marineros regresan a ecuador tras el drama en altamar
El sábado por la noche, el aeropuerto de Manta recibió a tres hombres que ya no eran los mismos que se marcharon. Llegaron sin redes, sin pesca, con la piel aún oliendo a quemado y la mirida clavada en un horizonte que les dio la espalda. Son los primeros supervivientes de la La Negra, Francisca Duarte 2, la embarcación que se incendió en aguas salvadoreñas dejando a 16 marineros ecuatorianos a la deriva durante días.
El rescate que llegó cuando el combustible escaseaba
Fue la Marina de El Salvador quien los localizó el 23 de marzo, después de que un fallo mecánico desviara el curso y el fuego devorara la caseta de mando. Dos de ellos —uno con quemaduras en la espalda, otro con los pies destrozados— fueron trasladados en helicóptero hasta la Base Naval de La Unión. El resto llegó en lancha, con la sed y el miedo a cuestas. El consulado ecuatoriano gestionó los salvoconductos; Jorge Chiriboga, abogado de la armadora, confirmó que los heridos «ya se han recuperado bastante bien» y podrían regresar la próxima semana.
Manta, puerto que vive del atún y del dolor, encendió velas en las ventanas. Familias enteras se agolparon frente a la terminal de carga con carteles de cartón y el nombre de sus hijos escrito con marcador indeleble. Trece aún están en San Salvador, alojados en un albergue militar, esperando que alguien les devuelva la palabra «normalidad».

Investigación en curso y silencios que pesan
La capitanía de El Salvador abrió diligencias por «incendio en embarcación de pesca industrial». Pero hay un detalle que nadie firma: testigos hablan de aeronaves sobrevolando la zona horas antes del siniestro y de un submarino que apareció en los radares. Chiriboga insiste: «Se hagan todas las investigaciones que manda la ley». La empresa asegura que el barco pasó la revisión técnica en diciembre; los certificados ahora están bajo llave en una oficina de Guayaquil.
Mientras tanto, la flota artesanal ecuatoriana navega con miedo. El Pacífico se volvió más ancho: cada capataz repite a la tripulación que revise los extinguidores antes de zarpar, que duerma con el chaleco puesto, que confíe más en la radio que en la virgen. La cifra habla por sí sola: desde 2020, 47 marineros han muerto en accidentes frente a Centroamérica, la mayoría por incendios o explosiones de motores reparados con alambre y fe.
En Manta, los tres que regresaron no quieren entrevistas. Uno de ellos, Eduardo V., padre de tres hijos, solo atina a decir: «El mar pidió tributo y nos devolvió medio». Su mujer guarda el pasaporte en una funda plástica: dentro queda el sello de salida, pero no hay fecha de retorno para el resto. La Negra, Francisca Duarte 2 ya no existe: la Marina salvadoreña la hundió para convertirla en arrecife artificial. Allí, a 40 brazas de profundidad, descansan los últimos atunes que no pudieron cobrar.