Irán enciende de nuevo teherán tras un ataque que dejó la capital a oscuras

La luz volvió a Teherán cuando los relojes marcaban la medianoche. El Ministerio de Energía iraní emitió un comunicado seco: la red eléctrica de la capital y de la provincia de Elburz ya funciona. La frase oficial rezaba «carácter de urgencia», pero la urgencia llevaba horas instalada en los barrios del este, donde los ascensores se quedaron colgados y los hospitales tuvieron que echar mano de generadores.

El ataque que nadie confirma

Mostafa Rayabi Mashhadi, vice-ministro, admitió lo que la televisión estatal no mostró: «Un ataque de los enemigos contra la infraestructura eléctrica». No precisó quién, ni cuándo, ni dónde cayeron los proyectiles o los códigos maliciosos. Sólo dijo que afectaron «una zona del este de Teherán y otra en Alborz». En el mapa, esas dos áreas albergan 3,2 millones de personas y el 30 % de la industria ligera del país.

La restauración, según el mismo funcionario, tomaría «los próximos 20 minutos» para los barrios rezagados. Pero a las 02:15 aún se reportaban cortes en Jamalzadeh y en la autopista de la Merced, y el 121 —la línea de averías— daba tono de ocupado.

El talón de aquiles de la república

El talón de aquiles de la república

Irán presume de red eléctrica dual: la parte occidental, con más gasoductos; la oriental, dependiente de intercambios de 400 kV que atraviesan los montes Zagros. Los ataques de 2022 ya demostraron que basta dañar dos subestaciones para generar un blackout en cascada. La diferencia esta vez es que el corte se produjo en plena negociación nuclear en Viena y a 48 horas de un ejercicio israelí en el Mediterráneo.

El gobierno iraní no publica la inversión en ciberseguridad de sus plantas, pero los presupuestos abiertos hablan de 180 millones de dólares para todo el sector energético en 2024, cifra inferior a lo que Israel destina solo a suEscudo Cibernético. La brecha se nota: técnicos de la compañía Tavanir comentan, bajo anonimato, que todavía hay controladores SCADA con contraseñas por defecto y puertos abiertos al exterior.

La media hora de oscuridad costó 1,3 millones de horas-trabajo, estima la Cámara de Comercio de Teherán. Las fábricas de refrescos lograron reiniciar sus líneas, pero las de semiconductores —sí, Irán también los fabrica— necesitarán recalibrar hornos que trabajan a 1.400 °C y que no admiten ni un parpadeo de voltaje.

El silencio que pesa más que el apagón

El silencio que pesa más que el apagón

Mientras los barrios acomodados encendían sus plantas de emergencia, Twitter se llenó de vídeos de coches semáforo abajo y de vecinos gritando «Death to the dictator» desde los balcones. La policía de internet cortó el acceso a WhatsApp durante 90 minutos, justo el tiempo que tardó en restablecerse el servicio. Coincidencia, dirán.

El ministerio promete ahora un «plan de blindaje rápido». Lo que no dice es que, desde 2019, cada vez que promete lo mismo se repite la misma secuencia: explosión, apagón, silencio, retorno a la normalidad. Y la normalidad, en Irán, incluye cada vez más velas en los cajones.

La luz volvió, sí; pero el mensaje también: el enemigo puede tocar la llave general de la república sin despeinarse. Y eso, a las 00:00 o a la hora que sea, es una derrota antes que un simple apagón.