Italia a un paso del abismo: el martes decide si vuelve al mundial o se hunde en el infierno
El martes en Zenica hay una cita con la historia, con el miedo y con el orgullo herido. Italia se juega lo que no se jugó en 2017 contra Suecia ni en 2021 contra Macedonia del Norte: la posibilidad de volver a un Mundial tras doce años de ostracismo. Una victoria contra Bosnia y la azzurra estará en Estados-Canadá-México 2026. Una derrota y el país campeón cuatro veces se quedará fuera por tercera edición consecutiva, algo que no le ocurría desde antes de la guerra.
El partido se llama play-off de repesca, pero en el vestuario de Gennaro Gattuso ya lo bautizaron como «la final de la vergüenza». Porque la verdad es que ni siquiera la Eurocopa ganada en Wembley 2021 logró borrar el trauma de Palermo y de San Siro. El vestuario lo sabe. Bastoni lo repite cada vez que puede: «No estamos ante una semifinal más, estamos ante la posibilidad de redimir a una generación entera.»
El técnico llegó hace diez meses con la orden express de devolver «alma» a un grupo acostumbrado a las humillaciones. No le pidieron juego espectacular, le pidieron resistencia al pánico. Y, en parte, lo ha conseguido: el 2-0 a Irlanda del Norte en Palermo devolvió la calma, aunque el rival era un híbrido de Championship y League One. Ahora viene la prueba de fuego: fuera de casa, con la afición bosnia enrabietada tras el «escándalo del balcón» —aquella celebración de Retegui y sus compañeros cuando vieron que Ucrania eliminaba a Gales— y con Edin Dzeko, el viejo lobo de la Bundesliga 2, lanzando maldiciones desde la zona de guerra de Zenica.
El once que gattuso teme inventar
El entrenador tiene dos dudas y las conversa en voz alta para que el grupo lo oiga. Puede repetir el centro del campo con Locatelli al lado de Barella y Tonali, o puede sentar al de la Juventus para dar entrada a Bryan Cristante, más físico y con olor a Champions. Arriba, el debate es entre Retegui —pivot que no marca desde octubre— y el joven Pio Esposito, la apuesta romántica que haría dupla con Kean y devolvería la verticalidad que echa de menos el público italiano.
Pero el problema no es el dibujo, sino la cabeza. Donnarumma lo confesó tras el entrenamiento del sábado: «Cuando nos ponemos la camiseta nos entra un agobio que no se explica con gráficos.» La estadística es brutal: desde 2006, Italia suma siete partidos de repesca y solo ganó tres. El resto es un cementerio de pesadillas que aún huele a cloro de San Siro.
Bosnia, por su parte, también está en su propio infierno. No olvidan 2014, su único Mundial, y Dzeko, a sus 38 años, se ha convertido en orador antes que en delantero: «Nos queda una bala en la recámara y vamos a dispararla contra el equipo que más miedo tiene a perder.» En los Balcanes se respira un revanchismo que en Roma suena a amenaza.

Doce años de números rojos
La cifra habla por sí sola: 4.380 días sin pisar un Mundial. Es el segundo período más largo de la historia de la selección, solo superado por el hueco entre 1950 y 1962. Y aquella vez al menos había excusas diplomáticas. Ahora no hay más justificación que el miedo y la incompetencia gestionada por tres federaciones distintas.
El país que exporta entrenadores, tácticas y títulos clubísticos a todo el planeta lleva una década sin exportar ilusión. Y eso duele en una nación que mide sus domingos en función de lo que haga la azzurra. Por eso el martes, a las 20:45, no se juega solo un partido: se juega el derecho a seguir creyendo que Italia sigue siendo Italia.
Si cae, el tsunami será político: desde el ministro del Deporte hasta el presidente de la República pedirán cuentas. Si pasa, la euforia durará lo que tarde el avión en aterrizar en Fiumicino. Porque la redención, si llega, será solo un visado para empezar a sudar otra vez: el Mundial de 2026 todavía está a dos veranos.
El mensaje de Gattuso en la pizarra del training center de Coverciano es de una crudeza que no admite eufemismos: «O vencemos al miedo o el miedo nos comerá para siempre.» El martes, en un estadio de hierro fundido donde la grada croata rugirá «Vaffanculo Italia», el catenaccio mental será más importante que cualquier esquema. Porque Italia ya no aspira a ser bella: solo quiere sobrevivir a sí misma.