Ketamina rosa: la droga del fin de semana nació en una habitación de hotel
Una cocina eléctrica de una sola hornilla, un sartén y un mortero bastaron para montar el laboratorio más pequeño —y más rentable— de Tacna. Dentro de la habitación 202 del hostal La Heroica I, a dos pasos del terminal de buses, Kendra Jacobe Rojo López, 23 años, chilena, convertía ketamina veterinaria en el polvo rosa que anima las noches de la avenida Leguía. La intervinieron el 24 de marzo con 160 g ya envasadas y listas para el bailongo. La cifra habla por sí sola: bastan 10 g para teñir de fiesta a toda una discoteca.
La fórmula secreta se escondía en un bolso de viaje
Los agentes del Depandro sabían lo que buscaban. Habían seguido la pista durante semanas: tickets de pasajes, check-ins exprés, maletas que entraban ligeras y salían pesadas. Cuando irrumpieron, encontraron el ritual completo: polvo blanco, colorante alimentario, bolsitas de celofán selladas con una plancha para el cabello. El Tusi —mezcla de ketamina, cafeína y, a veces, éxtasis— se vende a 30 soles el gramo, cuatro veces más barato que la cocaína pura y con un efecto que dura la mitad, justo lo que exige la pista de baile.
La detenida no actuaba sola. Los investigadores reconstruyen su agenda: llegaba un jueves por la madrugada, se hospedaba tres noches y regresaba a Arica antes del lunes. El patrón se repitió al menos ocho veces desde diciembre. Cada viaje dejaba en Tacna un promedio de medio kilo de ketamina procesada. Hagan cuentas: 4 kg en cuatro meses, 120 000 soles de facturación sin pasar por aduana.

El veterinario nunca fue sospechosa
En Perú la ketamina es legal para uso veterinario; en Chile ya es droga dura. El vacío legal convierte a Tacna en puerto seco del narco: se compra en agroshops locales, se cocina en habitaciones de albergue y se exporta al país vecino camuflada en turistas de fin de semana. La Armada de Chile lo confirmó días antes: 44,2 toneladas de ketamina incautadas en Arica venían de Bolivia y tenían como destino Alemania, Italia y México. La misma ruta, escala tamaño micro.
El fiscal Junior Ramírez tiene 15 días para cerrar el círculo. Revisará cámaras del terminal, pedirá registros de WhatsApp y cruzará datos con Interpol. La pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta: si una joven sola puede montar una mini-fábrica en 48 horas, ¿cuántas Kendra operan entre Tacna y Arica sin que nadie las nombre?
La noche del viernes siguiente, la avenida Leguía siguió llena de luces rosadas. Solo un par de dealers comentaron, entre bromas, que el envío “está atrasado”. Nadie mencionó la habitación 202. El negocio no se detiene; cambia de puerta.
