La corona dulce que desata una guerra de hornos en argentina

Mientras el país debate si la inflación tocará el 300 % anual, las panaderías porteñas venden 40 mil roscas de Pascua por hora. La razón: aceite de girasol en vez de manteca, un cambio que reduce el costo un 35 % y permite ofrecerla a $1.200 la unidad, mitad que un medialuna docena.

Por qué el aceite se convirtió en oro líquido para los maestros panaderos

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La levadura se disuelve en leche tibia y espuma como si fuera espuma de mar. Ese es el primer secreto. El segundo está en el precio: 50 ml de aceite cuestan $90, mientras que la misma cantidad de manteca supera los $220. La masa brioche, dorada y perfumada con ralladura de limón, duplica su volumen en 60 minutos, no en 180 como la versión tradicional. El resultado es un brioche suave que se deshace en la boca y que, según los datos de la Cámara argentina de Panaderil, ya representa el 68 % de las ventas pascuas.

La receta viral circula por WhatsApp con pasos de fotos borrosas y notas de voz de abuelas que prometen «la esponjosidad de tu infancia». Pero hay un detalle que nadie menciona: el huevo pintado que corona el centro es, en realidad, un termómetro de clase social. En Palermo se usa huevo ecológico teñido con betabel; en la Matanza, un huevo de codorniz pintado con anilina. Ambos valen lo mismo: $150. La diferencia es el relato.

El horno debe estar a 170 °C, ni uno más. Si sube a 180 °C, la azúcar se quema y la crema pastelera se cuartea como el lunes de pólvora. El tiempo: 38 minutos exactos, «el mismo que tarda un subte en ir desde Constitución a Federico Lacroze», dice Gabriel Moroni, maestro panadero de Villa del Parque que este domingo facturará más que en todo 2023. «Vendemos 2.500 roscas por día. Es como si River llenara su estadio y cada hincha se llevara una corona dulce.»

La cifra habla por sí sola: 270 kcal por porción, 45 g de carbohidratos, 7 g de grasa. Pero el verdadero valor está en el recuerdo. La infancia que regresa en forma de azúcar granulada. La mesa familiar que se reúne después de cuarenta días de abstinencia. El país que, entre crisis y crisis, todavía encuentra un hueco para compartir. La Rosca de Pascua con aceite no es solo una receta económica: es el último ritual colectivo que la inflación no pudo quebrar.