La policía israelí bloquea al cardenal pizzaballa en el santo sepulcro: 2.200 sacerdotes rompen el silencio

Domingo de Ramos convertido en escándalo diplomático. La policía israelí cerró ayer la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa y al padre Francesco Ielpo. Dos pasos más allá, dentro, la misa debía comenzar. Fuera, un muro de uniformes. La liturgia se quedó en la calle. La imagen corre como pólvora en 58 países y enciende la voz de más de dos mil sacerdotes que ya no se conforman con cartas privadas.

La red que ya no perdona

La Red Internacional de Sacerdotes contra el Genocidio firma el texto que nadie esperaba. Dos cardenales y veinticinco obispos ponen el sello. El tono es de acusación, no de súplica. Hablan de «violación grave de la libertad de culto», de «ruptura del statu quo» y de «patrón más amplio y alarmante». En Tel Aviv ya estudian la reacción oficial; en la curia romana, el silencio empieza a incomodar.

El comunicado desgrana la cuenta: Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este. Desplazamientos masivos, restricciones de movimiento, tiros en la noche. El bloqueo al Santo Sepulcro no es, para ellos, un incidente aislado; es la foto fija de una película que se repite cada día desde hace meses. «Humillar al Patriarca Latino y al Custodio es atentar contra el signo vivo de diálogo que la Iglesia ha mantenido en Oriente Medio desde hace ocho siglos», advierten.

El mensaje que llega a las diócesis

El mensaje que llega a las diócesis

El texto va más allá de la indignación. Es un manual de instrucciones: mencionar el episodio en cada homilía, rezar por los lugares santos en cada eucaristía, incluir la denuncia en la catequesis. «El silencio ahora no sería prudencia; sería rendición», sentencian. La frase ya circula en chats de curas de Madrid, Milán y Bogotá. Algunos obispos europeos preparan cartas pastorales para Semana Santa; otros estudian convocar colectas específicas para los cristianos de Tierra Santa.

La red deja claro que su enemigo no es el pueblo judío. «Expresamos profundo respeto y rechazo inequívoco a toda forma de antisemitismo», recalcan. Apuntan, en cambio, a la «dirigencia política israelí y a las redes que justifican sus acciones». Una distinción que, en los tiempos que corren, nadie da por sentada.

La cuenta atrás de la pascua

La cuenta atrás de la pascua

La petición final es un reto directo a gobiernos occidentales: coherencia. «La libertad de culto no puede invocarse selectivamente. El derecho internacional no puede defenderse solo cuando conviene». La frase huele a reproche para Bruselas, Washington y Londres, que ayer mismo pedían «moderación» sin mencionar el bloqueo al Santo Sepulcro.

En Jerusalén, mientras tanto, Pizzaballa celebra misas en capillas alternativas. Ielpo repite que «la custodia no se negocia». Ambos saben que la próxima Pascua será un examen global. Si las iglesias del mundo guardan silencio, el vacío lo llenará el eco de los uniformes. Si hablan, la liturgia del Domingo de Ramos 2024 pasará a los libros de historia como el día en que la Iglesia entera eligió bando. La apuesta está servida: o se rompe el silencio o se rompe el alma de Jerusalén.