Las mujeres de valera se plantan: quieren disparar en las filas de moros y cristianos
Las campanas de Valera de Abajo aún no han repicado para ellas. Siete vecinas llevan cuatro años tocando a la puerta de una tradición que se niega a abrirles: las filas de Moros y Cristianos. Ahora, con la hermandad organizadora disuelta y el ayuntamiento apoyándolas, han decidido pasar de la petición a la denuncia. La guerra de las faldas en el corazón de Cuenca acaba de empezar.
Una asociación fantasma y un estatuto que nadie lee
La Hermandad Dulce Nombre de Jesús, que hasta agosto de 2025 gestionaba la fiesta, se evaporó sin dejar actas ni responsables. En el vacío legal, las Moras y Cristianas se encontraron sin interlocutor. «Tendríamos que reclamar contra nuestros vecinos, contra los padres de nuestros hijos», resume María Motos, portavoz del colectivo. El trámite, además de cruel, es inviable: los estatutos no prohíben la presencia femenina, solo exigen el aval de un soldado. Un trámite que las chicas cumplen, pero que nadie firma.
La cláusula machista no está escrita; se transmite de padre a hijo como un silencio heredado. «Dentro de casa hemos crecido viendo desfilar a nuestros hermanos», cuenta Motos. «Nosotras también queremos cargar el arcabuz.»

El alcalde apoya, pero la traca no estalla
Daniel Pérez Osma, alcalde de Las Valeras, respira aliviado: la presión ya no recae sólo sobre su corporación. «Comparto la reivindicación», dice, «pero la fiesta no es municipal». La Consejería de Igualdad promete reunión urgente. Mientras, los pueblos vecinos —Sagunto, Ontinyent— observan. Si Valera cede, la grieta se extenderá por toda la geografía festera española.
La declaración de Interés Turístico Regional, otorgada en 2023, ahora pesa como una losa: la administración que avala la exclusión corre el riesgo de vulnerar la propia ley de igualdad. El escenario es simple: o se reforma el reglamento interno o la subvención se esfuma. Y sin dinero, no hay pólvora.
La tradición, ese argumento que se carga a medias
En el bar La Parada aún se escucha el mantra: «Si las mujeres entran, se acaba la magia». Lo que nadie confiesa es que la magia ya se rompió: en 2022 apenas se cubrieron tres comparsas y el desfile se acortó veinte minutos. La fiesta agoniza sin relevo generacional. Las niñas, aburridas, prefieren el TikTok al tambor.
Motos lo tiene claro: «Queremos enriquecer la fiesta, no destruirla». La clave está en el verbo. Enriquecer: añadir voces, no sustraerlas. El problema no es la pólvora; es el miedo a compartirla.
La próxima cita es el 5 de abril. La consejería convocará a las partes. Si entonces no hay acuerdo, la denuncia llegará al juzgado de lo contencioso. Y la primera traca de 2026 podría estallar con una suspensión judicial. En Valera de Abajo, la historia de la pólvora y el vestido de faralaes podría escribirse, por primera vez, con letra de mujer.