Lima se quedará sin agua 31 de marzo: ocho distritos en sequía forzada por sedapal
El grifo se secará durante hasta 16 horas en barrios que ya agonizan por la falta de presión. Sedapal lo llama «trabajo de mantenimiento»; los vecinos, un baldazo de realidad que llega antes del Día de la Madre.
El mapa de la sequía programada
La empresa estatal desplegó un cronograma que parece ajedrez: Ate desde las 8:00 hasta las 20:00; San Juan de Lurigancho, hasta casi medianoche; Villa María del Triunfo, desde el desayuno hasta la merienda. Entre medio, Santa Anita, La Molina, Los Olivos, La Victoria y Chaclacayo recibirán su turno de interrupción escalonada. La excusa técnica: limpieza de reservorios y empalmes de tuberías que nadie ha visto desde la última promesa de modernización.
El detalle que duele: los horarios coinciden con el pico de cocina escolar y la jornada laboral. Miles de hogares tendrán que elegir entre llenar baldes a las 3 de la madrugada o comprar agua en bolsa a precio de oro negro.
La Molina, el distrito que presume avenidas arboladas y colegios de cuota alta, aparece en la lista como cualquier otro. Sus lagunas residenciales —Las Lagunas I, II y III— pasarán once horas sin presión. En Los Olivos, los cooperativos de 28 de Julio y los cerros de Ladrilleros compartirán el mismo calvario que la urbanización 5 Estrellas Chavarría: desde mediodía hasta las 8 de la noche, sin chorro ni descarga.

El truco de las horas
Sedapal insiste: es un «corte programado». Pero lo que no dice es que estos «programados» se volvieron rutina mensual. La última vez fue hace tres semanas. La próxima, nadie la garantiza. El Aquafono 317-8000 ya atiende colapsado: la esperanza de un reclamo se convierte en música de espera infinita.
La cifra habla por sí sola: más de 1,2 millones de limeños se turnan cada mes para guardar agua en ollas, botellas y hasta bidones de pintura. El costo oculto: el vecino promedio gasta S/ 30 en agua embotellada cuando el grifo falla. Multiplícalo por cuatro cortes al mes y la factura doméstica se dispara un 40 % sin que el recibo de Sedapal se mueva.
En Huaycán, zona O y P, la interrupción comenzará a las 15:00 y se extenderá hasta casi la medianoche. Allí, la presión ya es un lujo cotidiano. Cuando llega, parece burla: un hilo que no llena el tanque de un piso diez. Ahora, ni eso.

El agua que no llega a la boca
Lo que nadie cuenta es que estos cortes encubren una infraestructura que envejece a la velocidad de la corrupción. Los reservorios que Sedapal prometió renovar en 2018 aún esperan licitación. Las tuberías de asbesto cemento —ese material prohibido en Europa— siguen bajo los pies de los limeños. Cada empalme es un parche que dura lo que un suspiro.
El martes 31, mientras Lima se apaga, los camiones cisterna de las municipalidades harán su agosto: cobrarán S/ 80 por mil litros que, en teoría, deberían ser gratis. La ironía: Sedapel cobra S/ 3,50 el mismo volumen. El mercado negro del agua ya no es clandestino; es la política pública que sobrevive al día siguiente.
El consejo de la empresa: «tome precauciones». Como si la precaución fuera un grifo adicional que se instala con anticipación. Como si las familias pudieran almacenagar diez litros por persona sin derramar la vida en baldes rotos.
Cuando el reloj marque las 8:00 a.m. del martes, Lima despertará con la boca seca. Y cuando el agua regrese, lo hará con el mismo sabor a cloro y la misma promesa incumplida de que la próxima vez será diferente. No lo será.
