Manolo rojas muere y expone la grieta entre mario hart y korina rivadeneira

Las calles de Lima aún no digieren el duelo y ya estalla la polémica. Mientras el féretro de Manolo Rojas ingresaba a la sede de Panamericana TV —la casa que lo vio nacer cómicamente—, Instagram destilaba otra historia: la de una pareja que, en teoría, llora al mismo muerto, pero que en la práctica firma actas de divorcio emocional a golpe de stories.

Jorge Benavides, Martín Farfán, el ‘Cachito’ Ramírez y las Hermanas Serpa formaron cordón de honor. Faltó Korina Rivadeneira. Su marido, Mario Hart, tampoco estuvo: correría en Trujillo. Sin embargo, él al menos posteó: «Descansa en paz querido amigo. Siempre te recordaremos como el gran ser humano que fuiste». Tres puntos suspensivos, dos emojis de manos en oración. El texto olía a cierre de capítulo.

El «maolito» que desató la furia

El «maolito» que desató la furia

Ella escribió «Descansa en paz maolito» y colgó palomas, alas y corazones blancos. Diez horas después subía una selfie con nuevas mechas y ojos hinchados: «Intoxicada, no pude llegar». El hilo de comentarios explotó: «¿Maolito?», «¿En la peluquería?», «¿Y el papá de tu esposo te prestó la casa para casarte y no vas al velorio?». La brevedad de su adiós parecía un error de tipeo, pero era la metáfora perfecta de un vínculo medido en likes.

Lo que pocos recuerdan es que cuando Hart y Rivadeneira se fugaron a Huaral a casarse —ella perseguida por Interpol por presunto lavado—, fue el papá de Manolo quien les abrió la puerta de su casa. Aquel gesto regresa ahora como boomerang moral. El deudor emocional no puede esconderse tras un «estoy intoxicada».

El cortejo fúnebre partió de la avenida Panamericana hasta el Club La Huaquilla, donde 2.000 personas, globos blancos y cumbia viva despidieron al humorista de 63 años que se apagó con un infarto fulminante. Ahí nadie habló de Instagram. Ahí el llanto era de verdad y el nombre, Manolo, se gritó entero, sin errores de dedo.

El contraste entre los esposos termina de escribirse en silencio: él compitió, publicó y recibió aplausos; ella se tiñó el pelo y recibió piedras. En el Perú del espectáceo, la deuda se cobra en público y la forma de llorar delata más que cualquier declaración. Manolo se llevó el chiste; a los Hart les quedó el papel de malos ejemplos. La moraleja es breve: los muertos se entierran con nombre propio; los vivos, a veces, se entierran solos.