Melgar, la quebrada que se tragó la semana santa: 100 familias naufragaron en pleno pico turístico
A las 1:47 del lunes 30 de marzo, la quebrada La Melgara ya no era un murmullo de fondo: era un rugido que entraba por las ventanas de las cabañas del centro vacacional Cafam Melgar. En cinco minutos el agua llegó a la cintura; en quince, arrastró neveras, camas y ocho coches. La temporada alta de Semana Santa acabó convertida en un grito colectivo de 80 a 100 familias que se evacuaron solas, a oscuras, sin botiquines, sin rutas, sin nadie que les dijera ni adónde correr.
Lo que nadie cuenta es que la tragedia ya había sido ensayada: los mapas de riesgo del municipio marcan La Melgara en rojo desde 2019. Cafam, la cadena turística más visible de Cundinamarca, eligió construir el sector F justo en la lenguilla de inundación. Ahora, entre los escombros, los huéspedes encontraron colchones hundidos y un silencio administrativo que huele a demanda colectiva.
El negocio de la omisión: 1.500 millones de pesos en juego
El complejo facturó en Semana Santa de 2023 cerca de 1.500 millones de pesos, según cifras internas de la Cámara de Comercio de Girardot. Este año, 72 horas antes del desastre, la ocupación tocaba el 96 %. La directiva suspendió la noche adicional a los afectados, pero no devolvió el dinero: ofreció «vales» para regresar en temporada baja. «Nos cambiaron por un papel que vence en octubre», resumió un ingeniero bogotano que perdió su SUV 0 km.
Los hoteleros independientes, sin embargo, no tienen colchón corporativo. «Se nos fue la mitad de la reserva en una hora», dijo a Noti Melgar el dueño de un posada de 18 habitaciones. «Pedimos bombas a la Alcaldía y nos mandaron dos equipos de drenaje con mangueras de jardín». La frase habla por sí sola: el plan de contingencia municipal solo existe en PDF.

La iglesia convertida en albergue y la fila sin nombre
Las familias fueron trasladadas primero a tres hoteles cercanos; luego, a la iglesia de San Miguel Arcángel. Allí no hay duchas, hay 40 colchones de caridad y una pizarrita donde anotan «necesidades». A las 8 p.m. del martes, 47 niños aún no tenían cambio de ropa. La única cara visible de Cafam fue un recepcionista enviado a «tomar datos». «Nos piden firmar un formato para «valorar» los daños, pero no hay abogados, no hay aseguradora», denunció una madre soltera que perdió los documentos de su carro.
Lo que está en juego no es solo una indemnización: es la credibilidad de un destino que mueve el 38 % del PIB turístico del departamento. Melgar vive de la repetición: familias que regresan cada año. Ahora WhatsApp arde con videos de coches flotando y la etiqueta #CafamNosAhogó suma 1,2 millones de vistas. La reserva online para abril cayó un 60 % en 48 horas, según Datatur.
La quebrada La Melgara sigue creciendo cada tarde con la llovizna. La alcaldía prometió un «plan maestro» que incluye reubicar 42 predios. Papel mojado, dicen los vecinos. Mientras tanto, en la iglesia, una niña de cinco años pregunta cada hora cuándo vuelven a «la casita del agua». Nadie se atreve a decirle que esa casita ya no existe.
