Melilla grita: 'nos han dejado fuera del chaleco salvavidas contra la crisis'
Melilla amaneció este lunes con un sabor agridulce: la gasolina sigue disparada y el Gobierno, según su vicepresidente Miguel Marín, ha firmado un cheque en blanco para toda España excepto para esta ciudad y su hermana Ceuta. El Consejo de Ministros aprobó un decreto anticrisis para mitigar la inflación por la guerra en Oriente Medio, pero olvidó que en el norte de África hay dos territorios que también ondean la bandera europea.
La doble vara del iva
El problema es de arquitectura fiscal. Melilla no aplica IVA, sino el Impuesto General Indirecto Canario, una fórmula que ahorra a los consumidores el 10 % de la factura. Cuando el Ejecutivo rebajó tres puntos el IVA sobre la luz o el gas, aquí no bajó nada. Ahora el combustible: mismo escenario. El litro de gasóleo ronda 1,65 €, diez céntimos por encima de la media peninsular, y sube cada semana que Irán y Israel cruzan misiles.
Marín lo resume con la contundencia de quien gestiona un presupuesto de 260 millones: «No pedimos un trato de favor, sino que nos devuelvan lo que nos quitan». La petición es concreta: una compensación por litro equivalente al descuento del IVA y una subvención directa al transporte de mercancías que atraviesa el estrecho. Sin ellas, el coste de llevar un contenedor desde Algeciras se dispara y la cesta de la compra local se encarece un 12 % en lo que va de año.

El filón de la frontera que se vuelve boomerang
Melilla vive del contrabando legal. Miles de marroquíes cruzan a diario para comprar productos más baratos gracias al régimen fiscal singular. Ese flujo genera 1.800 puestos de trabajo directos en comercio y transporte, pero también convierte la ciudad en rehén de su propia ventaja: cuando el Gobierno rebaja impuestos en la Península, aquí no llega el alivio, solo la competencia desleal.
Los camioneros ya han avisado: si no hay ayuda antes del verano, pararán la mercancía. El temor es que el regreso de los 35 grados coincida con los estantes medio vacíos. «No es alarmismo, es la cuenta de la leche», dice Rachid Mohand, portavoz de la asociación de transportistas, mientras enseña el albarán del último viaje: 780 € de gasóleo por un trayecto que hace un año costaba 520 €.
El precio de ser español en áfrica
El Ejecutivo local calcula que la brecha acumula ya 8 millones de pérdidas solo en el sector del transporte. Es dinero que no entra en caja y que, por tanto, no se convierte en servicios sociales ni en inversiones. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, prometió «estudiar fórmulas» hace tres meses; desde entonces, silencio.
Mientras tanto, Melilla sigue cumpliendo con la parte que le toca: blindar la frontera exterior de la UE con 12 km de vallado y un despliegue de 1.200 policías y guardias civiles. «Defendemos Europa con pechos y con impuestos», ironiza Marín, «pero a la hora de repartir las migajas, nos miran como si fuéramos una colonia olvidada».
La próxima semana el pleno municipal aprobará una moción instando a Madrid a sentarse a negociar. Si no hay respuesta, preparan una manifestación en la frontera, símbolo de la indefensión. La fecha provisional: 15 de mayo, día que el puente de la Concordia registrará su primer millón de pasos del año. Será la foto que nadie quiere: ciudadanos europeos protestando porque el chaleco salvavidas les queda pequeño.
