Mencía salva a honduras en el 94': empate que sabe a victoria para molina

Darlin Mencía cabeceó en el minuto 94 un balón suelto dentro del área y arrancó para Honduras un punto que podría valerle una era. El empate 2-2 ante Perú en Leganés deja a José Francisco Molina estrenando su ciclo con sabor a victoria, mientras Mano Menezes suma su tercer partido sin ganar al frente de la bicolor.

El gol que evitó la crisis

Jairo Vélez había hecho diana dos veces y Perú controlaba el tempo con la suficiencia de quien sabe que el rival se desangra por las bandas. Pero la pelota, esa vieja aliada del que nunca se rinde, cayó a los pies de Mencía en el último suspiro. El delantero del Leganés no perdonó: cabezazo cruzado, silencio rojillo y un abrazo que mezcló alivio y euforia en la grada del Butarque.

El primer tiempo fue un vendaval de contradicciones. Honduras quiso el balón, Perú la réplica. Joao Grimaldo desbordó, Yoshimar Yotún dejó pasar y Vélez marcó el 1-0 con la frialdad de un veterano. Pero la posesión sin profundidad es como un cheque sin fondos: bonita, pero inútil. Kervin Arriaga, el mediocampista que vive entre Valencia y Tegucigalpa, lo entendió: servicio milimétrico a Luis Palma y 1-1 al descanso.

Molina cambia seis piezas; menezes sigue sin fórmula

Molina cambia seis piezas; menezes sigue sin fórmula

El segundo acto fue un laboratorio. Molina sacó del freezer a seis recambios buscando chispa; Menezes probó otra vez con laterales nuevos y volantes de corte más físico. El resultado: más oficio peruano, más desgaste hondureño. Vélez, otra vez él, cabeceó un córner de Jairo Concha y puso el 2-1. El partido olía a cerrazón.

Pero el fútbol castiga a ques se confía. En el 94', un despeje corto, un rechace al área y Mencía apareció como quien rescata una factura impagada. El colegiado Guillermo Cuadra pitó el final y Perú sigue sin ganar bajo el brasileño: tres partidos, dos empates, una derrota, cero sensación de rumbo.

Para Honduras, el punto es un salvavidas en plena reconstrucción. Molina habló después de “identidad” y “protagonismo”, pero lo que quedó fue la imagen de sus jugadores abrazándose bajo la lluvia de Leganés como si hubieran ganado la final de un torneo que aún no empieza. A veces, un empate en el último minuto vale más que tres cómodos. La tabla no miente, pero el alma del vestuario se alimenta de gestas así.

La gira sigue. Perú volará a Miami con la misión de romper la maldición; Honduras regresa a Tegucigalpa con la certeza de que, cuando el reloj marca el 94, todavía hay vida. Mencía se llevó el balón del partido. En su cabeza, el golpe y la red. En la suya, el grito que evitó la crisis.