México se juega la movilidad antes del mundial: aeropuertos en jaque y apps que ya no se esconden
Las terminales 1 y 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México parecieron un campo de batalla la semana pasada: taxis rojos bloqueando accesos, conductores de DiDi y Uber grabando con el móvil cada empujón, viajeros arrastrando maletas entre bocinazos y gritos. El motivo: quién se queda con la primera impresión que millones de hinchas tendrán del país en el Mundial 2026.
El gobierno de Claudia Sheinbaum prometió diálogo, pero la Alianza In México —que agrupa a las tres mayores plataformas— ya no cree en mesas de negociación a puerta cerrada. Su manifiesto es público y contundente: “Colocar a los usuarios en el centro” suena a eslógan, pero detrás hay una carta judicial que declara “arbitraria y discriminatoria” cualquier sanción a apps dentro de la zona aeroportuaria. La frase no es casual: el país entero podría enfrentar juicios millonarios si se represan conductores durante el evento.
El negocio que no aparece en los folletos turísticos
Mientras tanto, los taxistas concesionados sacan cuentas: cada plaza cuesta hasta 800 000 pesos y el permiso para operar en el AICM incluye derechos anuales que superan los 120 000. Las apps, sin embargo, no pagan un solo peso por acceso. La asimetría es tan descarada que hasta MX Taxi —la flota más fiel al sindicato— prefirió pactar con Uber antes que seguir perdiendo pasajeros. Desde esta semana, pedir un taxi amarillo desde la app de Uber ya es posible; la foto del conductor y la tarifa fija aparecen en pantalla como si nunca hubiera existido la guerra de diez años.
La ironía: la alianza que debía acabar con el conflicto desató la furia de los choferes independientes. Este lunes colapsaron Reforma: 4 000 coches marcharon con las apps apagadas, exigiendo que se les permita entrar al aeropuerto sin multas y que las comisiones —hoy se llevan hasta el 25 % de cada viaje— bajen al 10 %. La consigna coreada desde las ventanillas: “Si no nos dejan trabajar, nadie trabaja”.

La copa que no perdona retrasos
El reloj corre de forma implacable: en junio de 2026 aterrizarán millones de visitantes repartidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. El aeropuerto capitalino ya opera al 92 % de su capacidad; cualquier estrangulamiento en la salida se traduce en vuelos perdidos y en la imagen de un país que se juega más de 5 000 millones de dólares en ingresos turísticos. Sheinbaum sabe que la FIFA no admite excusas: el organismo ya advirtió que si la movilidad falla, México puede perder sedes.
La apuesta oficial es un “corredor exclusivo” de transporte concesionado que desembarcará en la T2. Pero la Alianza In filtró el plan completo: los pasajeros deberán caminar 300 metros con maletas, cruzar un puente peatonal sin ascensores y abordar microbuses que circularán cada 15 minutos. Para una persona con movilidad reducida o un adulto mayor, el trayecto equivale a una odisea. “No hay ni un solo baño adaptado en la ruta”, me confiesa un asesor de la presidencia que prefiere no dar su nombre. “El proyecto nació muerto, pero no se atreven a admitirlo antes de la visita de inspección de la FIFA en octubre.”
El secretario de Movilidad, Andrés Lajous, asegura que la solución “es técnica, no ideológica”. La realidad: el gobierno capitalino ya gastó 2 300 millones de pesos en estudios de transporte para el Mundial y ninguno incluye a las apps. La deuda, otra vez, la pagarán los usuarios: tarifas dinámicas que se disparan cuando hay marchas y tiempos de espera que superan el medio día. La última filtración interna: si no se llega a un acuerdo antes de diciembre, Sheinbaum evalúa imponer un “peaje digital” de 40 pesos por cada viaje que inicie o termine en el AICM. Sería la primera tasa del mundo dirigida exclusivamente a apps. Las empresas ya preparan el recurso de amparo.
En la terminal 1, mientras tanto, los taxistas leen el periódico con la noticia de la alianza Uber-MX Taxi y se fuman un último cigarrillo antes de subir a sus unidades. “Nos van a sacar como a los dinosaurios”, me dice Raúl Méndez, concesionario desde 1994. “Pero al menos los dinosaurios no pagaron medio millón por un plástico que ahora vale cero.” La frase resume el pulso de un país que quiere parecer moderno sin romper los cristales de su vieja vitrina. El Mundial llegará antes que la solución. Y la primera tarjeta de presentación de México ya no depende de un discurso presidencial: depende de quién gane la carrera de 3,5 kilómetros que separan la sala de maletas del taxi más cercano.