Míchel moya irrumpe en la absoluta: de las prelistas a la camiseta roja en 48 horas

El WhatsApp llegó a las 21:37. Míchel Moya leyó «Convocatoria Selección Española» y el móvil se le cayó al suelo del vestuario. En Jaén, donde la Copa de España aún huele a cerveza fresca y resina, el ala-cierre del Paraíso Interior acaba de pasar de las listas provisional a la lista definitiva. Finlandia le espera el 10 y 11 de abril; el orgullo le quema las venas desde ya.

Una llamada que se arrastra desde septiembre

Jesus Velasco lo había observado dos veces y lo había descartado. Dos prelistas que acabaron en nada. La tercera ha sido la vencida. «Me emocioné delante de mis padres, no pude hablar», confiesa Moya a la vuelta del entrenamiento. El jugador lleva desde 2021 rondando la élite; el club ha crecido a su ritmo: cuatro Copas de España en seis años, ascenso constante, presupuesto triplicado. Ahora la RFEF le abre la puerta grande.

En la lista viajan dos compañeros de baile: Dani Zurdo y Esteban Cejudo. «Con ellos me siento en casa», dice. La frase suena a tópico, pero en el futsal andaluz es literal: los tres se criaron a doce kilómetros del pabellón de Martos, jugaron en categorías inferiores del mismo club y comparten piso desde hace tres temporadas. La selección no solo convoca talento; también reproduce un microclima familiar que ya funciona sobre el parqué.

¿Por qué ahora y no antes?

¿Por qué ahora y no antes?

Los datos lo gritan: 16 goles en la presente liga, 29 asistencias y un valor de mercado que ha pasado de 80.000 a 350.000 euros en un año. Pero hay un detalle que los scouts subrayan en rojo: su presión en campo rival genera 3,2 recuperaciones por partido, la cifra más alta entre los extremos españoles. Velasco buscaba un jugador que defendiera como un central y atacara como un punta; Moya encaja en la frase sin necesidad de adjetivos.

El 6 de abril la concentración arranca en Las Rozas. El 7 se cierra el plazo para la lista definitiva del Europeo de abril de 2024. Quedan siete días para que un amistoso contra Finlandia se convierta en el examen de una vida. «No voy a regalar la pelota, voy a dejar la piel», promete. En Jaén ya no hablan de sueño; hablan de deber cumplido.