Muere ferran martorell, el presidente que llevó a espanyol a la modernidad

Ferran Martorell se apagó en Barcelona a los 84 años, dejando tras de sí una huella que el RCD Espanyol no podrá borrar: fue el presidente que modernizó al club cuando el fútbol español aún olía a casetes de vídeo y las taquillas se abrían con llave de hierro.

El publicista que se convirtió en el alma blanquiazul

Martorell, publicista de vocación y periquito hasta la médula, llegó a la presidencia en 1989 tras la dimisión de Antoni Baró. Fue el vigésimo segundo presidente del club, pero el primero que entendió que el fútbol hablaba más idiomas que el catalán y el castellano. Bajo su mandato aterrizó en Sarriá Thomas N'Kono, el portero camerunés que con sus guantes oxidó los cañones de la liga, y John Lauridsen, el danés que llevó el vikingo a la medular perica.

La entidad blanquiazul ha destilado tristeza en su comunicado oficial: «Su compromiso, dedicación y amor por nuestros colores han dejado una impronta imborrable». La frase suena a epitafio, pero también a ajuste de cuentas con la memoria. Porque Martorell no solo presidió; antes, desde 1975, pasó 17 años en los despachos, moldeando una cantera que luego parirá a Raúl Tamudo y otros chicos que se creían Rambo con la elástica puesta.

El legado que ningún balance refleja

El legado que ningún balance refleja

Lo que no aparece en los informes financieros es la intuición de Martorell por convertir el fútbol en marca. En los años 80, mientras el Barça hacía el Dream Team y el Madrid coleccionaba Copas de Europa, él construyó una identidad para el Espanyol que no dependía de la vitrina: la de un club de barrio con aspiraciones de grandeza. Lo logró sin petrodólares, solo con convicción y con la paciencia de quien sabe que los árboles tardan años en dar sombra.

Su muerte cierra un capítulo que muchos aficionados apenas conocen porque no hay Netflix que se atreva a rodar la historia de los segundos actos. Pero en Cornellà-El Prat, donde ahora juega el equipo, aún quedan empleados que recuerdan a Martorell paseando por la Ciutat Esportiva con el abrigo caqui y las gafas de pasta, felicitando a los juveniles como si fueran sus nietos.

Descanse en paz. Y que el próximo gol de Espanyol lleve su nombre en la celebración, aunque solo sea para que las nuevas generaciones pregunten quién fue ese tipo que aparece en las fotos en blanco y negro, con la bufanda anudada al cuello y la mirada de quien ya veía el fútbol global cuando aún no existía el término.