Muere ferran martorell, el presidente que salvó al espanyol del abismo en 1989
Ferran Martorell ha muerto este lunes a los 84 años. El hombre que cogió las riendas del RCD Espanyol en plena crisis, cuando el club tocaba fondo en Segunda División, deja un vacío que ni la nostalgia puede llenar. Durante apenas cinco meses —de julio a diciembre de 1989— ocupó la presidencia, pero bastaron para dejar una huella tan honda que el club blanquiazul aún la siente.
De la dimisión de baró a las elecciones de diciembre: 153 días de fuego
Martorell llegó cuando nadie quer el cargo. Antoni Baró acababa de dimitir y el Espanyol se ahogaba en deudas y malos resultados. El publicista barcelonés, entonces con 47 años, aceptó el reto sin paracaidas. No tenía experiencia en gestión deportiva, pero sí olfato para las crisis y una agenda llena de anunciantes que adoraban su estilo directo. En su primera rueda de prensa prometió «devolver la ilusión» y, aunque no pudo evitar el descenso administrativo, sí evitó la desaparición.
Fuera del césped, Martorell había construido un pequeño imperio en el mundo de la publicidad. Fundó su propia agencia en los 70 y fue pionero en las campañas de televisión en catalán. Su lema —«el producto primero, el ego después»— chocaba con la prepotencia habitual del sector. Esa misma filosofía la aplicó en el RCD Espanyol: recortó gastos, negoció con acreedores y hasta vendió su coche particular para pagar la nómina de diciembre de 1989.

17 Años de militancia blanquiazul en silencio
Tras dejar la presidencia, Martorell no se fue. Se quedó en la junta directiva durante 17 años, siempre en segundo plano, siempre con la calculadora en la mano. Fue el hombre que cerró el fichaje de Luis Milla en 1993 y el que impidió la venta del estadio en 1998 cuando los bancos apretaban. «No se vende la casa de la familia», gritó en una asamblea que aún se recuerda en Cornellà-El Prat.
Su última aparición pública fue en 2019, cuando el club le entregó una placa en reconocimiento a su lealtad. «No he venido por la placa», dijo entonces, «he venido porque todavía duele cada derrota». Ayer, ese dolor se apagó. El Espanyol ha decretado tres días de luto y el próximo partido en el RCDE Stadium guardará un minuto de silencio. No será un gesto protocolario: será el tiempo justo para que 30.000 gargantas griten su nombre una vez más.
