Nacho cano recibe una insólita petición de matrimonio en pleno estreno y el público estalla

Nacho Cano acababa de saludar al público de Malinche El Musical cuando una voz desde la platea le hizo plantearse, por un segundo, cambiar de estado civil. «¡Cásate conmigo!», gritó Mónica Noguera desde la primera fila del Frontón México. La cámara del teatro la enfocó, el público rompió en aplausos y el músico madrileño, con la mente rápida que lo caracteriza, devolvió la broma: «Bueno, no está mal pensado».

Una frase que en méxico no pide una alianza, sino una declaración de amistad

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En la jerga local, «cásate conmigo» es un guiño que sella la complicidad entre dos personas sin necesidad de firmar papeles. Noguera, conductora estrella de Imagen Televisión, lo usa para desactivar el rumor que la vincula sentimentalmente con su compañero de pantalla Paco Zea. «Él está solo, yo estoy sola, pero somos grandes compañeros y amigos», sentenció horas después frente a los reporteros, mientras los flashes seguían cegando.

La escena llega en un momento delicado para la vida privada de ambos protagonistas. Después de romper con el empresario Julien Leoni, Noguera ha convertido cada aparición pública en una especie de interrogatorio sobre su soltería. Cano, por su parte, mantiene bajo llave su romance con la periodista Cristina Arámbarri y apenas habla de sus ex, entre ellos nombres tan mediáticos como Penélope Cruz.

La ironía del asunto es que el estreno de Malinche —un musical que narra la conquista de México a través de la figura de La Malinche— ha terminó convirtiéndose en una conquista mediática: la del anillo invisible que Noguera le ha colocado al creador español. «Has apoyado a Malinche desde antes de que existiera aquí en México», le recordó Cano desde el escenario, devolviendo el favor con una ovación que resonó más que cualquier trompeta del reparto.

La noche terminó con selfies, brindis y la certeza de que, en el país donde el show es parte del alma nacional, hasta una petición de mano puede ser un espejo que refleja, sin anillo de por medio, la necesidad de seguir siendo protagonista.