Olivera entra al debate con la camisa rota y la promesa de enterrar al apra

Fernando Olivera llegó al Centro de Convenciones con la camisa desgarrada y la voz quebrada de gritar. No era un simple desgaste de tela: era la imagen que buscaba para sellar su relato. Mientras sus asistentes lo escoltaban entre empujones y gritos, el candidato del Frente de la Esperanza no perdió el timing: «Esta es la emboscada del sistema que vamos a derrotar el 12 de abril». En treinta segundos resumió el guión que repetiría durante toda la noche: él contra la corrupción, él contra el pasado, él contra los partidos que «ven al Perú como un botín».

La emboscada que nadie filmó

Olivera denuncia que un grupo de apristas lo esperaba en la puerta 3 con palos y piedras. Su equipo difundió un video de 12 segundos donde se ven empujones y se escucha «¡fuera Popy!». Lo que no aparece en ninguna grabación es el momento exacto del ataque. La policía confirmó «un incidente menor» y detuvo a dos personas, pero no precisó filiación política. A Olivera le basta. «El comando Rodrigo Franco vive», lanzó, remitiendo a la escuadra paramilitar que el APRA usó en los 80. Para él, el episodio valida su tesis central: el partido de Haya de la Torre «nunca dejó de ser una organización violenta».

Enrique Valderrama, el rival aprista, respondió desde el interior del recinto: «No nos haremos cómplices de este circo». Su equipo asegura que los supuestos agresores eran «vendedores ambulantes» y que Olivera «montó una escena». La frase circula en WhatsApp con un meme: Olivera como Charlton Heston en El planeta de los simios gritando «¡ustedes locos!». El humor no detiene al candidato de la escoba. Dentro del estudio, mientras se acomoda el micrófono, repite: «Si Haya de la Torre resucitara, se volvería a morir al ver esto».

El número que no aparece en las encuestas

El número que no aparece en las encuestas

Las últimas cifras lo dan entre 4 % y 6 % de intención de voto. Olivera las desecha de plano: «En la calle es plebiscitario». Su estrategia es simple: deslegitimar los sondeos antes de que lo deslegitimen a él. «Las encuestadoras cobran por pintar un país que no existe», dijo. Y lanzó su profecía: «El 12 de abril van a dar tres vueltas en el aire». La frase recuerda a Humala 2006, cuando los números lo daban fuera de balotaje y terminó en segunda vuelta. La diferencia: Humala crecía; Olivera no muestra curva ascendente en ningún estudio. Pero el candidato necesita el relato más que la evidencia. «El fraude ya está montado», advierte. Así prepara el terreno para dos escenarios: la sorpresa o la denuncia.

En el pasillo, su jefa de prensa reparte un papelito con el hashtag #AguantaPopy. Tiene 38.000 menciones en 24 horas, la mitad de bots. Aun así, el candidato se cree ganador. «No sé si en primera o segunda vuelta, pero ganamos», repite como mantra. Mientras tanto, su equipo de seguridad revisa los accesos: temen una segunda emboscada cuando salga del debate. Afuera, un vendedor de empanadas resume la escena: «Aquí vienen todos a hacer teatro, pero el que grita más gana el minuto en la tele».

Olivera lo sabe. Por eso, antes de subir al estrado, se mira en el reflejo de un auto estacionado, se acomoda el cuello desgarrado y sonrie. La camisa rota es su mejor argumento. Y el debate apenas empieza.