Paty cantú enciende monterrey y plantea ser la nueva reina polifónica del pop latino
El sábado pasado, mientras el sol se escondía tras las montañas de la Sultana del Norte, Paty Cantú subió al escenario de Tecate Pa’l Norte y, en 75 minutos, reescribió su propio guion de artista. No fue un concierto: fue un intercambio de energía entre ella y 40 000 personas que coreaban cada estribillo como si fuera el último.
La noche arrancó con Déjame Ir y la primera ovación llegó antes de que terminara la primera línea. Cantú no necesitó coreógrafos ni pantallas led hipervitaminadas: bastaron su voz, una guitarra eléctrica y la certeza de que Monterrey la estaba esperando desde 2019. Lo que siguió fue un tour de force por diecisiete años de carrera que incluyó hasta los temas de Lu que muchos daban por enterrados.
El minuto en que el festival se convirtió en karaoke de estrellas
A los diez minutos apareció Esteman, con su chaqueta de lentejuelas, para Corazón Bipolar. El público no solo cantó; compitió por el falsete. A la media hora, Bruses irrumpió con un vestido de red y un grito que hizo temblar los cables de iluminación. Daniela Spalla llegó cuando la temperatura bajó dos grados y Valiente obligó a medio front row a secarse los ojos con la camiseta.
Pero la jugada maestra fue la aparición sorpresa en el set de The Warning. Allí, entre guitarras Gibson y batería doble pedal, Paty Cantú gritó ¿Qué más quieres? y el sector metalero, que no la tenía en su playlist, la adoptó en cuestión de segundos. Una foto de ese momento ya roza el millón de likes: cuatro mujeres en plena ebullición, sin etiquetas de género, solo rock.

Monterrey le devolvió el favor: la ovación duró 8 minutos
Cuando llegó el turno de Afortunadamente No Eres Tú, el cielo se abrió con una ligera llovizna. En vez de huir, el público alzó los brazos como si el agua fuera parte del set list. Cantú rompió a llorar, pero no la voz. El ingeniero de sonido confirmó después que no usó ni un solo playback: todos los coros fueron en vivo, incluso los que parecían sampleados.
El cierre con Suerte se convirtió en un himno colectivo que retumbó hasta el estacionamiento. Afuera, los vendedores de cerveza calcularon que las filas se duplicaron cada vez que ella mencionaba la palabra “Monterrey”. La marca local de snacks que patrocina el festival reportó un 27 % de incremento en ventas respecto al día anterior. Los números, como siempre, cuentan la mitad de la historia.

La pregunta que quedó flotando en la madrugada regia
A las 2:13 a.m., mientras los equipos de producción desmontaban tarimas, un grupo de músicos locales debatía en el hotel Camino Real: ¿Paty Cantú puede convertirse en la Jay de la Cueva del pop latino? La comparación no es casual. Jay salta de proyecto en proyecto sin perder identidad; Cantú, en una sola noche, se coló en el imaginario del indie, del rock y del pop sin necesidad de cambiar de vestuario.
La diferencia es que ella lo hizo sin tocar un solo teclado adicional. Su instrumento fue la red de complicidades que tejió sobre el escenario. En tiempos en que los festivales miden el éxito por cuántas veces apareces en el hashtag, Cantú eligió la ruta inversa: apareció en los shows de otros y se los hizo suyos.
Al amanecer, el hashtag #PatyEnTodasPartes era tendencia nacional. Pero la frase que más se repetía no era un elogio; era una constatación: “Ya no es la chica de Lu, es la anfitriona del pop mexicano”. Y esa, en la era de los nichos, es una declaración de intenciones que suena a nuevo disco, a gira conjunta y, sobre todo, a una era que recién empieza.