Peajes que no se fueron: la promesa incumplida del pacto histórico en el eje cafetero

El video dura 43 segundos y basta para desnudar la grieta entre el discurso político y la realidad del asfalto. Daniel Briceño, exconcejal bogotano y flamante representante del Centro Democrático, detiene su carro en la caseta de Palcas-Manizales y pregunta: «¿Todavía cobran?». La respuesta es un rutinario «sí, señor» acompañado de un recibo por 21.200 pesos. En ese instante se desmorona la promesa que Santiago Osorio, del Pacto Histórico, repetía hasta el cansancio: «El presidente Petro ordenó suspenderlos».

La promesa que se esfumó en la boleta

Briceño subió la grabación a X con un solo comentario mordaz: «Rtvc me dijo que ya no existía». La frase resume el desencanto de quienes creyeron que la eliminación de peajes llegaría antes que la próxima factura de gasolina. En el clip, el operario confiesa que él también escuchó la noticia por televisión, pero que la máquina cobradora sigue activa «porque la concesionaria sigue vigente». La ironía es tan burda que no necesita efecto de sonido.

El contrato de Autopistas del Café —que incluye ocho puntos de peaje en Caldas, Quindío y Risaralda— vence en 2027. Osorio aseguró en julio que Petro firmó la «terminación anticipada», pero ni la Agencia Nacional de Infraestructura ni la Concesión han recibido resolución alguna. Mientras tanto, el dinero circula en sentido contrario: de los bolsillos de los conductores hacia la caja recaudadora.

La política del cuento y la cifra que duele

La política del cuento y la cifra que duele

La jugada es simple: prometer la suspensión de un peaje cuesta cero pesos; cumplirla, 1,2 billones de pesos en indemnizaciones. El gobierno lo sabe, Osorio también. Pero la tentación electoral es más fuerte. Caldas, con 580.000 votos en juego para 2024, escuchó lo que quería oír. Ahora, cada vez que un conductor pasa por la caseta, el recibo le recuerda la mentira.

Briceño, curtido en la confronta bogotana, no pierde la ocasión: «Solo nos mintieron para conseguirse los voticos». La frase rima con el cansancio de una región que ya pagó 2,3 billones de pesos en peajes desde 2015, segén cifras de la Contraloría. El escándalo, en realidad, no es que sigan cobrando; es que nadie esperaba que esta vez fuera distinto.

La Agencia de Infraestructura prometió «estudiar» el caso. Mientras tanto, los operarios siguen atendiendo ventanillas, los semáforos internos pasan de rojo a verde y el lector de placas cobra su tarifa fija. La próxima vez que un político diga que un peaje desaparecerá, los conductores del Eje tendrán dos opciones: creerle o guardar el vídeo para el 2025.