Raquel bollo rompe el silencio: 'que isabel pantoja perdone también a su hija'
La plaza de San Francisco olía a incienso y a cámara de televisión. Raquel Bollo apretó el paso entre costaleros y curiosos, la mantilla negra ondeando como una bandera de guerra, y soltó la frase que todos esperaban: 'Lo positivo es que Kiko y su madre hayan hecho las paces; ojalá ahora le toque a su hermana'. No añadió 'porque la herida es la misma'. No hizo falta.
El aplauso que no llegó
Detrás de la sonrisa de Pantoja en la foto con Rivera hay un contable de ausencias: Isa P. no estaba. Mientras la prensa celebraba el reencuentro del cantante con su progenitora, la hija menor permanecía invisibilizada en su silencio de Madrid. Bollo, veterana en la logística del daño familiar, lo advirtió: 'Las han hecho, ya está, porque les ha dado la gana. Por los motivos X, por los intereses X, por lo que sea'. Un 'por lo que sea' que suena a 'aquí falta alguien'.
El mensaje llegó en el peor momento posible para ella: su hijo Manuel Cortés acababa de desatarse en una entrevista desvelando intimidades de su ruptura con Gloria Camila Ortega. La respuesta fue fulminante: la joven anunció acciones legales. Bollo, interrogada en la calle, se encogió de hombros: 'No estoy molesta. Eso es una cosa de ella'. Dos frases que, en el léxico televisivo, equivalen a 'que se joda'.

El refugio de la semana santa
Mientras el hormigón sevillano vibraba al paso de las trompetas, madre e hijo desfilaron como dúo de mártires modernos: él con la barba crecida y la mirada de quien ya ha perdido la cuenta de los clicks; ella, con el traje de faralaes del orgullo materno. 'Estoy muy orgullosa de la familia Bollo', proclamó, 'porque tenemos una familia muy normal'. La normalidad, en este caso, incluye un hijo demandado, una ex nuera en proceso de querella y un reality que licúa la vida privada en directo.
La jugada de Bollo es de manual de supervivencia del prime time: desplazar la culpa al terreno emocional ('yo hablo como madre') y convertir la crisis en espectáculo. Funciona mientras las cámaras estén encendidas; después queda la factura judicial. Manuel ya sabe que cada palabra suya cuesta 6.000 euros si el juez da la razón a Gloria Camila. La Bollo, mientras tanto, sigue cobrando por cada '¿cómo lo ves, Raquel?' que le lanzan los platós.
El domingo, cuando se baje la última virgen, Sevilla olvidará el escándalo hasta el próximo año. Pero Isa Pantoja seguirá sin recibir la llamada. Y en algún rincón de un plató, Raquel volverá a repetir: 'Ojalá con su hija también las haga'. Ojalá es la palabra clave: un deseo que se antoja negocio para quien vive de vender reconciliaciones ajenas.
