Sergio mayer quiere gobernar la cdmx… pero dentro de 12 años
El diputado federal de Morena Sergio Mayer acaba de marcar en el calendario su fecha límite para tomar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México: 2036. Mientras tanto, se reserva dos sexenios para «prepararse» y despejar el escándalo que desató su licencia en San Lázaro para irse a un reality show.
La ambición que no se atreve ahora
En la entrevista con José Luis Guerra, Mayer lo dejó claro: «Me encantaría ser jefe de Gobierno». Pero el exintegrante de Garibaldi prefiere no jugar sus cartas en la próxima elección capitalina. Su cálculo es frío: 12 años de rodaje, dos administraciones federales más y una capital que, según sus proyecciones, lo recibiría con los brazos abiertos. Tiene 56 años y cree que la edad «perfecta» llegará cuando cumpla 68.
La estrategia suena a manual de supervivencia interna: evitar el choque frontal con Claudia Sheinbaum o cualquier otro peso pesado de Morena que aspire a sucederla en 2028. Mayer apuesta a que la competencia interna se desgaste sola mientras él teje redes en los barrios que aún no lo odian.

Reality, suspensión y la curul que huele a televisión
Lo que podría haber sido un anuncio programático se volvió confesión a medias. El mismo día que alardeó de visión a largo plazo, reaparecieron los videos de su paso por La Casa de los Famosos. La licencia que solicitó en plena sesiones ordinarias le costó la suspensión temporal de derechos partidarios y la ira de una fracción de Morena que ya lo ve como un influencer infiltrado.
La Comisión de Honestidad y Justicia del partido lo castigó con la suspensión de voz y voto en actividades internas. Mayer lo minimiza: «Es un recurso que usan todos». Y enumera: legisladores que se van de paseo, otros que se lanzan a la cabeza de sindicatos o que directamente desaparecen para abogar por sus empresas. La diferencia, claro, es que pocos regresan con un contrato de Televisa bajo el brazo.

La costura de una candidatura en disputa
El curul que ocupa huele a quemado. Su suplente, Luis Morales Flores, sigue denunciando que la plurinominal le fue «cambiada» en la madruguela de la lista. Mayer se define: «Genero incomodidad porque lo hago bien». Traducción: hay quien cree que su fama de vedette no debería transmutar en curul sin pasar por el voto de nadie.
Pese al castigo interno, conserva la credencial de diputado. Vota, cobra y usa las instalaciones de San Lázaro como si nada. Mientras tanto, su equipo de comunicación ya levanta actas de visita en Iztapalapa y Gustavo A. Madero, los distritos que deciden elecciones en la capital. La foto con el metro elevado de fondo es la misma en todos lados: sonrisa de candidato, chaleta sin logotipo todavía.
Sergio Mayer no quiere ser gobernador «ahorita». Prefiere serlo cuando el escándalo del reality parezca una anécdota de juventud y cuando los morenistas que hoy lo veten estén pensionados o en la cárcel. Doce años es una eternidad en política mexicana, pero también es la única forma de que un exgalán de televisión termine con el poder absoluto sobre 9 millones de capitalinos. La apuesta está sobre la mesa: si la ciudad lo odia menos en 2036, la CDMX podría tener su primer gobernante que aprendió a gobernar en la pantalla chica.
