Colombia se derrumba: lorenzo justifica la debacle como 'lección' mientras el reloj del 2026 corre
La selección Colombia regresó a Bogotá con dos nalgadas europeas grabadas en la espalda y 80 días para cambiar el diagnóstico antes del Mundial. Néstor Lorenzo, que tras el 3-1 ante Francia habló de «aprendizaje», ahora se juega el puesto y la credibilidad de un proyecto que, contra Croacia y los suplentes galos, mostró grietas de básico: defensa sin coordenadas y un James Rodríguez que parece en slow motion.
La cuenta regresiva que nadie cuenta
El calendario es implacable. Entre el 29 de mayo —el amistoso con Costa Rica en El Campín— y el arranque del 2026 hay solo ensayos generales sin margen de error. Lorenzo lo sabe: «Hemos expuesto al grupo a lo que encontrará en la fase de grupos», dijo en Landover, Maryland, mientras los estadísticos de la FIFA apuntaban 13 goles recibidos en los últimos cinco partidos contra rivales del top-20. La frase suena a autoayuda, pero el entrenador lleva en el bolsillo la lista preliminar de 26 y debe recortar sangre.
Lo que nadie cuenta es que la derrota ante Francia fue peor que la del Mundial pasado: los galo-sucesores de Mbappé necesitaron dos remates a puerta para anotar dos goles. Doué marcó el primero con un rebote que Daniel Muñoz desvió, el segundo llegó tras una transición de siete segundos en la que la línea de tres colombiana pareció congelada en otro partido. El 3-1 final maquilla un dominio estéril: 58 % de posesión, cero ideas.
James, por ejemplo, completó 38 pases, pero ninguno en el último tercio con Expected Threat superior a 0,10. El dato habla por sí solo: el toque letal del 2014 se evaporó y su club, Al-Rayyan, no le da el ritmo que exige un Mundial. Lorenzo, sin embargo, insiste: «Lo necesitamos por su visión». La afición, por ahora, responde con memes.

El problema no es solo defensivo
El entrenador pidió «mejorar la parte defensiva», pero el análisis de tracking revela que Colombia pierde el balón en promedio cada 4,3 minutos en la salida elaborada. Cuando la presión rival sube, los laterales se convierten en centrales improvisados y los centrales en medios sin filtro. El resultado: un corredor entre líneas de 22 metros que Thuram recorrió como si fuera un entrenamiento de la Juventus.
La apuesta por Juan David Cabal en lugar de Jhon Lucumí fue un experimento que explotó en la cara técnica. El ex-Guadalajara fue superado en velocidad en el 1-0 y en la jugada del 3-0 apareció tres metros retrasado. Lorenzo admitió el error: «No me dio el resultado esperado». La frase suena a epitafio de una central que, de todos modos, irá al Mundial porque las alternativas —Dávinson Sánchez lesionado y Carlos Cuesta en fase de reconstrucción— son aún más endeble.
El medio campo, pensado como doble pivote con Lerma y Castaño, terminó siendo un rosario de pases horizontales. Luis Díaz, única válvula de escape, recibió 17 balones en los primeros 30 minutos y terminó con 0,26 xG: todo lo que generó fue un remate cruzado que atajó Mandanda sin esfuerzo. La conclusión: el sistema 4-2-3-1 que funcionó contra Venezuela y Paraguay se derrite cuando el rival presiona arriba y cierra los canales interiores.

Lo que viene es un amistoso sin amigos
El 29 de mayo, Colombia recibirá a Costa Rica en El Campín. Será el último escaparate antes de la lista definitiva y, paradójicamente, el rival menos exigente de la era Lorenzo. Pero hay un detalle: los ticos vienen de ganarle 2-0 a Arabia Saudita y de empatar 0-0 con Uruguay. Su técnico, Gustavo Alfaro, conoce al dedillo la columna vertebral colombiana tras dirigir a Boca y a la selección ecuatoriana. El partido, en teoría amistoso, se convirtió en un juicio oral donde cada balón perdido será una evidencia.
Lorenzo, fiel a su estilo, cerró la conferencia con un mantra: «Estoy con toda la fuerza y con toda la fe». La frase suena a consigna de guerra, pero la fe no detiene contragolpes. El reloj marca 80 días y la FIFA no acepta apelaciones. Si Colombia vuelve a salir desnuda ante un europeo, el aprendizaje será otro: la lección de que el tiempo se acabó antes de empezar.