Tarapoto vive el lunes más caluroso del año: 34°c y nubes que prometen tormenta

Las palmeras de Tarapoto despiertan hoy bajo un cielo que no se decide. A las 7 de la mañana el sol ya quemaba y el termómetro marcaba 27°C; a mediodía tocará los 34°C, la máxima récord de lo que va de 2025. El Senamhi confirma lo que los rieleros de la ciudad de las palmeras adivinan con solo mirar la fronda: la humedad trepó al 78% y el aire parece un paño empapado.

La estación que se niega a irse

Estamos a 30 de marzo, teóricamente a dos días del fin del verano amazónico, pero la lluvia no cede. La ciclova de la carretera a Laguna Azul vuelve a estar sembrada de barro; los mototaxis encienden antes el motor para no ahogarse en los charcos que ya forman pequeños lagos en la intersección con Moyobamba. El café de oro que se siembra en la mesa de Lamas corre riesgo: los granos requieren cinco días seguidos de sol para completar la secadera y hoy apenas habrá dos horas de luz entre nubes.

Los guías de Ahuashiyacu, a 14 km del centro, ajustan precios: la catarata creció 1,5 metros en la última semana y el sendero de madera que baja a la poza está resbaladizo. «Si llueve después de las tres, no bajamos», avisan. La temporada alta de turismo interno debería empezar en abril, pero los hoteles de San Roque de Cumbaza reportan cancelaciones: los mochileros prefieren esperar a mayo, cuando la carretera a Yurimaguas esté en mejores condiciones.

El dato que preocupa a los agrónomos

El dato que preocupa a los agrónomos

El arroz de segundo ciclo —el que se siembra en enero para cosechar en junio— acumula ya 42 días con humedad relativa superior al 75%. El templete del gorgojo del arroz se reproduce a ese nivel como si tuviera calefacción. El mercado mayorista de Tarapoto registró ayer un alza del 12% en el quintal de arroz paddy; los molinos ya anticipan pérdidas por calidad. En los 22 km que separan la ciudad de Lamas, los productores de cacao fino de sombra revisan cada planta: la monilia —la pudrición de la mazorca— aparece cuando el sol no seca el orégano aplicado como preventivo.

La sensación térmica de 38°C que pronostican para la tarde puede ser letal para los trabajadores de la obra del nuevo mercado modelo de Tarapoto. El sindicato de construcción civil exigió ayer botellas de 1 L de suero oral para cada obrero; la empresa concesionaria accedió, pero solo hasta el 15 de abril. La licitación para la segunda fase quedó desierta: las constructoras nacionales calculan que el sobrecosto por lluvias puede llegar al 18%.

El turismo que se moja pero no se rinde

El turismo que se moja pero no se rinde

Mientras tanto, Yakupark —el parque inflable sobre la Laguna Azul— abre igual a las 10 h. Los colombianos que llegaron anoche en vuelo charter desde Medellín se pusieron el chaleco sin quejarse: «Para nosotros 34°C es invierno», ríe Valeria, 26, influencer de viajes. Su reels de ayer ya suma 87 mil reproducciones con el hashtag #TarapotoHot. El algoritmo de Instagram no distingue entre sol y lluvia; solo importa el azul turquesa del agua y el verde intenso que lo rodea.

En la fábrica de chocolate Orquídea, a 8 km de la carretera a Juanjuí, la dueña, Doris Cárdenas, reduce la tanda de 500 barras diarias a 350: el cacao recién fermentado llega con 12% de humedad en vez del 7% óptimo. «Lo secamos con horno eléctrico, pero sube el costo y baja el aroma», explica mientras muestra la línea de templado. La tabla de 70% cacao que antes salía a 12 soles en el aeropuerto ya cuesta 14,5; los pasajeros de la LATAM 2237 a Lima la compran igual: es el último souvenir que no se derrite antes de pasar el control de seguridad.

El cierre que nadie pidió

El meteorólogo del Senamhi en Moyobamba, Jorge Luis Tamayo, cierra la videollamada con una frase que suena a epitafio: «La lluvia de marzo se está llevando el verano que nunca llegó». Mientras habla, en la terraza del colegio Trujillo de Tarapoto los estudiantes del último año ya no usan el uniforme de gala: la camisa blanca se vuelve transparente con el sudor y la pollera gris se arruga como papel de estraza. Mañana serán 31°C, pero la sensación será la misma: un horno húmedo donde el tiempo se arrastra entre goteras y motores de moto que nunca se apagan. La ciudad de las palmeras sigue en pie, pero el calendario ya no sirve: la estación seca se perdió entre la bruma y el barro.