Tiroteo en tijuana: el cantante de reacción muere de un balazo tras el «cumpleaños» de nadie

Una fiesta de cumpleaños en el salón «El Roble», Ciudad Jardín, terminó con el cuerpo de Arturo «N» tendido entre cables de micrófono y charcos de cerveza. El vocalista de Reacción recibió tres disparos: uno en el pecho, otro en la clavícula y el último que le abrió una herida de salida en la espalda. Murió antes de que la ambulancia U-104 cruzara el bulevar Agua Caliente. Tenía 27 años y soñaba con llenar el Auditorio de Tijuana; ahora su voz solo queda en las grabaciones de celular que circulan en WhatsApp.

El anfitrión que celebraba su propio apocalipsis

Testigos coinciden: el cumpleañero, identificado como Jorge «N», de 34 años, empezó la noche repartiendo tequila y abrazos. Hacia la 1:43 a.m. subió al escenario, tomó la .38 Super que llevaba en la cintura y descargó dos tiros al techo. Luego bajó, se plantó frente a los músicos y vació el cargador. «No dijo ni ‘feliz cumple’», cuenta un mesero que aún lleva en la camisa la huella de una pisada cuando se tiró al piso. El guitarrista y el acordeonista salieron ilesos; Raúl «N», segunda voz, recibió un balazo en el muslo que le fracturó el fémur. Estable, dicen los médicos, pero la bala permanece alojada: la cirugía está programada cuando la familia reúna 85 mil pesos.

La policía llegó 17 minutos después. Encontró 12 casquillos, un pastel de chocolate volcado y al agresor escapando en un Jetta gris sin placas. El salón quedó bajo custodia; los invitados, 43 en total, fueron retenidos hasta las 5 a.m. para declarar. Nadie supo explicar por qué Jorge abrió fuego. «Tal vez no le gustó la versión de El karma», murmura un primo, medio en broma, medio en shock.

Reacción: cinco chicos contra el olvido

Reacción: cinco chicos contra el olvido

Formados en 2015 en Rosarito, Reacción vendía su show en 15 mil pesos las cuatro horas. Tenían 28 covers en repertorio y dos temas propios que nunca llegaron a Spotify. Su última publicación en Facebook —17 de marzo— muestra una portada pixelada con la leyenda «Vamos por todo México». La realidad: tocaban quinceañeras, bautizos y ahora un cumpleaños que terminó en morgue. YouTube les deja 400 pesos al mes; la gasolina para llegar a Tijuana cuesta 600. «Éramos felices con eso», dice Brayan, el baterista, entre sollozos. El grupo suspendió la agenda; el acordeón quedó guardado en un clóset azul, con la etiqueta «Arturo» escrita con marcador indeleble.

La Fiscalía abrió carpeta 543/25; hay una orden de aprehensión sin ejecutar. Baja California suma 438 homicidios dolosos en lo que va del año; 11 víctimas eran músicos. El crimen contra Arturo no aparece en el parte oficial de violencia cultural que elabora la Secretaría de Cultura: todavía no es lo suficientemente famoso. «Si hubiera sido Christian Nodal, ya estarían hasta los marines», ironiza un vecino mientras recoge sillas plegables.

Tijuana, la ciudad que baila sobre sus propios disparos

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El caso se suma a la lista de artistas asesinados en la entidad. El 24 de octubre fue Eleuterio «Tello» Higuera Jr., sobrino de Mario Quintero, líder de Los Tucanes de Tijuana. Secuestrado en plena fiesta familiar, apareció dos días después en La Gloria con tres impactos de AR-15. Antes fueron Alfredo Olivas (herido en 2017) y Julio César «El Chatrán» Félix (2019). Ningún caso resuelto. El patrón: escenarios modestos, armas cortas, móviles que la policía archiva como «ajustes de cuentas» aunque no existan pruebas de vínculos con el narco.

La noche del domingo, mientras el cadáver de Arturo era levantado, en la calle Coahuila un colectivo de músicos independientes encendió velas y amplificadores. Tocaron Amor del bueno con la batería de cartón y una guitarra sin pastilla. A mitad de canción, una patrulla pasó despacio, bajó la ventana y el agente les pidió que no obstruyeran el paso. «Aquí nadie obstruye; aquí se recuerda», respondió una mujer con un cartel hecho con caja de cerveza: «A los que cantan no se les dispara».

La fiesta terminó, el salón está clausurado y el Jetta gris sigue sin aparecer. Reacción ya no reaccionará en bodas ni cumpleaños. La cuenta de Instagram lleva 3.124 seguidores; esta semana subieron a 12.000, pero los comentarios ya no leen «¡Éxito!», sino «Justicia». La última historia de Arturo, subida el sábado a las 23:07, muestra un filtro de corona dorada y la frase «Hoy toca romperla». La rompió, sí, pero fue su propio silencio el que estalló.