Tres cadáveres, bolsas en la cabeza y un toyota volcado: la masacre que estremece san mateo

La pendiente del Monte del Aguacate, en Desmonte, amaneció convertida en escenario de cine negro: tres hombres atados con cinta negra, bolsas de plástico aprisionándoles la cara, tirados junto a una Hilux gris boca abajo. Lo que empezó como aviso de «accidente» al 911 terminó siendo el triple crimen más escenográfico de Costa Rica en los últimos meses.

Una llamada, un descubrimiento y un mensaje de miedo

El dueño de la finca llegó a revisar sus pastos poco después de las 6 a.m. del sábado. Pensó que el vehículo volcado era producto de una mala maniobra, pero cuando bajó la ladera tropezó con el primer cuerpo. Luego vio los otros dos. Las manos atrás de la espalda, los tobillos ligados y la cabeza envuelta como si el asesino temiera que incluso los muertos pudieran mirarlo. La Cruz Roja confirmó lo evidente: ninguno respiraba. El OIJ cerró la zona y, en menos de una hora, la hipótesis de accidente quedó sepultada.

El Toyota Hilux, placas parcialmente visibles, fue remolcado al Departamento de Ciencias Forenses. El fiscal de turno ordenó tres autopsias de urgencia. La primera identificación preliminar apunta a un apellido común en la provincia: Castro, 46 años. El resto del grupo sigue en la morgue esperando que los dactiloscópicos hagan su trabajo. La clave está en la escena: no hay arrastres, no hay huellas de frenadas, no hay sangre fuera del vehículo. Alguien llevó a los tres hasta allí, los ejecutó y se marchó por un sendero que solo conocen los habitantes del lugar.

El deporte local, en luto anticipado

El deporte local, en luto anticipado

En redes, el Municipal Puntarenas de la LINAFA publicó un escueto «descanse en paz» sin nombre. Pero en los grupos de WhatsApp del puerto ya circula la misma foto: el presidente del club, aficionado a las rifas y a los viajes nocturnos a San Mateo, estaba entre los cuerpos. Nadie en la entidad quiere confirmar, pero el silencio lo corrobora todo. El fútbol de tercera división costarricense nunca fue negocio millonario; sin embargo, mover camiones de cerveza, entradas sin factura y apuestas informales es un caldo de cultivo que ahora huele a pólvora.

La Fiscalía no habla de «ajuste de cuentas» ni de «narcoviolencia». Prefiere la frase letal: «homicidio múltiple premeditado». Pero dentro del OIJ saben que el Monte del Aguacate lleva lustros siendo ruta de trasiego de marihuana que sube de Puntarenas hacia los valles centrales. La pendiente es perfecta para abandonar camiones, cuerpos o ambos. En 2022 apareció un joven calcinado en el mismo punto; en 2020, dos hermanos con tiros de gracia. El lugar repite su historia, solo cambian los protagonistas.

La comunidad que ya no cree en casualidades

La comunidad que ya no cree en casualidades

San Mateo se despertó con sirenas y se acostó con curfew autoimpuesto. Los dueños de soda bajaron la cortina a las 8 p.m.; los motociclistas que suelen subir carretera adelante con parlantes reggaetoneros hoy circularon en silencio. «Aquí no pasó nada», murmura un vecino mientras cierra el portón con dos candados. Es la frase típica que precede al éxodo. La escuela cercana canceló el partido interescolar y la iglesia programó una misa «por la paz» que, paradójicamente, tendrá custodia policial.

El OIJ pide pistas, pero la montaña guarda secretos mejor que cualquier archivo. Los peritos revisan cámaras de tráfico a 15 km a la redonda; hasta ahora solo lograron un video de una camioneta blanca que subió a eso de las 3 a.m. y bajó media hora después con las luces apagadas. La placa está borrosa. El tiempo, lluvioso en mayo, borró cualquier huella de neumático. La investigación avanza por la vía más lenta: esperar que alguien se equivoque y use la tarjeta de crédito de una víctima, o que un familiar agarre el teléfono y llame al número errado.

Mientras tanto, los cuerpos aguardan en frío. La autopsia dirá si murieron asfixiados por las bolsas, por un balde de cal viva o por la mezcla de ambos. El informe inicial, filtrado a medios locales, habla de «contusiones previas» y «ausencia de proyectiles». Traducción: los golpearon antes de ejecutarlos. El mensaje está claro: no se trataba de silenciar, sino de exhibir. El Monte del Aguacate, otra vez, sirvió de cartel.

La noche del sábado, los lugareños prendieron velas en la curva donde termina el asfalto. No hay flores, solo vasos de plástico con agua y café. Es la ofrenda del agricultor que teme que el próximo cuerpo sea el suyo. El crimen no tiene rostro ni nombre todavía, pero ya tiene legado: San Mateo aprendió que la frontera entre el accidente y la ejecución es una bolsita de plástico que alguien decidió apretar hasta el final.